Primera Guerra Mundial: Capitán de artillería Harry S. Truman

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El presidente de los USA durante el final de la Segunda Guerra mundial Harry S. Truman luchó como oficial de artillería durante la Gran Guerra. 

Se alistó como soldado voluntario en la Guardia Nacional de Missouri y dejó el servicio militar 37 años después como Coronel en el Cuerpo de la Reserva de Oficiales del Ejército de los Estados Unidos. Realizó servicio activo durante la Primera Guerra Mundial, donde el entonces capitán Truman sobresalió como jefe de una batería de artillería de campaña.

Después de que Estados Unidos entrara en la Primera Guerra Mundial en abril de 1917, Harry Truman se re-alistó en la Guardia Nacional de Missouri. Su decisión no fue sencilla. A los 33 años era mayor que la mayoría de los soldados, y como agricultor no estaba obligado a servir. Su hermana y su madre tendrían que encargarse de la granja sin él, y dejar su negocio de petróleo significaba sacrificar una buena posición económica. Sin embargo, Truman se sintió obligado a unirse a sus amigos y servir a su país en tiempo de guerra. En cuestión de semanas, la unidad de artillería de Truman fue movilizada para el servicio federal, y después de ocho meses de entrenamiento en Oklahoma, fue enviado a Francia junto a la 35ª División.

En julio de 1918, los oficiales y los hombres de la 129ª artillería de campaña se trasladaron a Camp Coetquidan en Bretaña para el entrenamiento avanzado en el uso del artillería de campaña de 75m m bajo condiciones simuladas del combate. Fue aquí donde el capitán Truman tomó el mando de la batería D. 

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A principios de septiembre de 1918, la 129ª Artillería de Campaña emprendió una de las marchas más largas y brutales de la guerra, desde los Vosgos hasta el bosque Argonne. Los hombres guiaron sus caballos y su equipo por más de cien millas de carreteras repletas y enfangadas hasta el nuevo sector americano. Esta marcha y los cinco días de intensos combates que siguieron fueron la última prueba para la batería D. En las últimas semanas de la guerra, la 129ª artillería de campaña entró en acción por última vez en los viejos campos de batalla de Verdún. Dispararon sus últimos disparos quince minutos antes de que entrara en vigor el armisticio. La batería D había disparado más de 10.000 proyectiles durante la guerra.

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Fuente:

Mahiwa 1917. Von Lettow masacra a los británicos.


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A mediados de octubre de 1917 los aliados llegaron a Mahiwa. La localidad estaba flanqueada por el cauce de un río seco, al norte, y altas montañas al sur, entre ambos accidentes geográficos se abría una despejada planicie fácilmente defendible. 

Von Lettow era consciente de que solamente sus tácticas de guerrillas no eran suficientes y necesitaba a toda costa disminuir la presión aliada sobre sus tropas, así que ordenó a Wahle defender Mahiwa y disponerse para el combate.

El 17 de octubre de 1917 una fuerza aliada al mando del Brigadier Baves, compuesta por más de 6.000 soldados inició un ataque frontal contra las trincheras defendidas por 1.500 askaris del general Wahle, los cuales contaban con el apoyo de varias ametralladoras pesadas y los cañones del Köenisberg, servidos por la tripulación del barco. 

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Durante todo el día las tropas aliada se lanzaron en sucesivas oleadas sobre las defensas germanas, llegándose a combatir cuerpo a cuerpo, dejando el campo cubierto de cadáveres. 

Por su parte von Lettow se puso en movimiento en cuanto supo del inicio del asalto y 1.000 de sus askaris fueron capaces, a marchas forzadas, de cubrir las más de 50 millas que les separaban en apenas un día. Su contra ataque se centró en las líneas de suministros de la artillería aliada y las posiciones de retaguardia, si bien no consiguieron el colapso de las tropas de Baves. 

Finalmente, el 18 de octubre el general inglés ordenó la retirada, se había consumado la peor derrota británica en toda la Primera Guerra mundial en África. 

Baves perdió del orden de 2.700, de los 4.900 hombres que habían participado en el ataque, mientras que von Lettow tuvo unas bajas de 500 de los casi 2.500 participantes.


Pero para los alemanes la victoria había tenido un elevado costo, no solamente por las bajas, tropas que serían del todo irreemplazables, sino además en munición, ya que prácticamente se habían agotado las existencias de cartuchos tras cuatro días de combate. La realidad es que tras la batalla la capacidad de von Lettow de lanzar nuevas ofensivas quedaba prácticamente neutralizada. Así que el 6 de noviembre de 1917 reunió a sus oficiales para tratar la situación.


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Fotografía con los oficiales supervivientes de la campaña de von Lettow (1918)



Les quedaban 4.000 askaris y un número parecido de porteadores, 400.000 cartuchos, solamente la mitad de lo gastado en la última batalla, comida para seis semanas y quinina para no más de un mes. 


Frente a ellos un enemigo que podría seguir recibiendo tropas de refresco, suministros mientras fuese necesario y que poco a poco iba comprendiendo la forma de combate en África. El objetivo seguía siendo el mismo mantener a la Schutztruppe en condiciones de combate y distraer recursos enemigos el mayor tiempo posible.

Así que si hasta la fecha sus taticas no habían sido muy convencionales ahora se decidió recurrir a otras todavía menos ortodoxas, por lo que en vez de seguir defendiendo su propio territorio decidió invadir la colonia portuguesa de Mozambique. 

El 25 de noviembre de 1917, dejando tras de sí a heridos y enfermos, los restantes 300 alemanes, 1.700 askaris y 3.000 porteadores de la Schuztruppe cruzaban el río Rovuma y se internaban en el África Oriental portuguesa.

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Ametralladora portuguesa frente al río Rovuma

La batalla de Cantigny (1918)



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Imagen: "Cantigny, Where the Americans Won Their First Laurels." Ladies' Home Journal, 1918.

La batalla de Cantigny tuvo lugar entre el 28y 31 de mayo de 1918 y significó la primera victoria de las tropas americanas en el frente Occidental.

El ataque fue realizado por la Primera División de Infantería de la Fuerza Expedicionaria Americana (AEF), el objetivo del ataque era capturar un terreno elevado sobre el que se asentaba el pueblo y reducir un pequeño saliente del ejército alemán en las líneas de frente, de esa forma se demostraría a sus aliados británicos y franceses las capacidades de la todavía inexperta AEF.

Tras una barrera de artillería preparatoria de una hora de duración las tropas estadounidenses abandonaron sus trincheras y avanzaron acompañadas de fuego de artillería. Los franceses fueron los encargados de dar el apoyo artillero y logístico a la 1ª División, incluyendo reconocimiento aéreo, tanques, artillería pesada, morteros de trinchera y lanzallamas. 

El ataque fur todo un éxito y el pueblo fue asegurado en sólo 30 minutos, capturando los americanos 250 prisioneros alemanes . Una serie de bombardeos de artillería y contraataques durante los dos días siguientes fueron finalmente rechazados por la AEF. 

Las fuerzas estadounidenses acabaron la batalla de Cantigny con 1.603 bajas, incluyendo más de 300 muertos en acción. 

Más importante aún, el éxito de la AEF en Cantigny aseguró al Comandante en Jefe de los Aliados, Généralissime Ferdinand Foch y otros altos oficiales, que las fuerzas estadounidenses recién llegadas debían actuar como una unidad de lucha unificada e independiente en la que se podría confiar plenamente.


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Media tarde del 27 de mayo de 1918, ejemplar de la orden del general Robert Bullard que había sido enviada por mensajeros a todos los puestos de mando en el sector de la 1ª División anunciando el J-day* para el primer ataque americano de la Primera Guerra Mundial sería al día siguiente, 28, y la hora-H sería 6:45 am (* el uso americano de "D-Day" para marcar el principio de una operación no comenzó hasta agosto de 1918) [Archivos 
Nacionales].

Desde lo alto de una colina en Coullemelle, a unas 3 millas de distancia, cuatro miembros del 5° Regimiento de Artillería de Campaña comprueban la efectividad del fuego de la artillería francesa sobre la localidad de Catigny. 05 30 horas del día 28 de mayo de 1918. Fuente Archivos Nacionales


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De las 5:45 am a las 6:45 am, 386 piezas de artillería - que van desde los 75mm y 155mm de la artillería de la 1ª División hasta 240mm y 280mm añadidos por la artillería del Cuerpo Francés, bombardearon la milla cuadrada que ocupaba el pueblo antes de la infantería asaltara la encima.


Un oficial de la artillería con el 5º regimiento de artillería de campaña de la 1ª división. Observa el bombardeo de las posiciones alemanas en Cantigny a través de sus prismáticos alrededor de las 6:00 a.m. 28 de mayo de 1918, cuarenta y cinco minutos antes de hora cero. [Foto: Museo de la Primera División]

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A las 6:45 después de más de una hora larga de intenso bombardeo por parte de cerca de 400 piezas de artillería norteamericana y francesas, 64 piezas de artillería de 75 mm comenzaron a disparar creando una barrera de cobertura de fuego y humo. La barrera que comenzó a pie de las trincheras norteamericanas avanzaba 100 metros cada 2 minutos. Detrás de ella avanzaba la infantería norteamericana de la Primera División. Cada pieza realizó 12 disparos por minuto, es decir, 1 cada 5 minutos por un periodo aproximado de 40. En la imagen se puede ver al teniente Warren Ramson de la batería D del 6º Regimiento de Artillería norteamericano comprobando la posición de una de las piezas.

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El 28 de mayo de 1918, a las 6:45 de la madrugada, los oficiales hicieron sonar sus silbatos y 1.000 soldados de infantería de la 1ª División de Estados Unidos treparon por sus trinchera y se lanzaron al asalto para retomar la aldea de Cantigny defendida por el 18º ejército alemán. La segunda y la tercera oleadas, apoyadas por 10 tanques y una docena de lanzallamas, avanzaron protegidos por una efectiva barrera de artillería, que avanzaba 100 metros cada 2 minutos hasta que el objetivo fue objeto de in intenso fuego durante cuarenta minutos. [Fotografía: Museo de la Primera División]

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Aquí está una rara imagen del 2º Batallón del 28º Regimiento de Infantería de la 1ª División cruzando la tierra de nadie con el apoyo de tanques franceses CA-1. Corresponde a la segunda ola del ataque a Cantigny alrededor de las 6:55 de la mañana del 28 de mayo de 1918. [Fuente: Archivos Nacionales]


Los muchachos del 2º batallón, del 28º regimiento de infantería, de la 1ª división avanzan junto a los tanques franceses Schneider CA-1. 10 de ellos apoyaron el ataque en su segunda ola del ataque aCantigny, la imagen es aproximadamente eran las 6:55 mañana, el 28 de mayo, 1918 En el horizonte se nota el humo de la barrera de artillería que precedía a la infantería.

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En esta tercera oleada del ataque a Cantigny, alrededor de las 7:00 am del 28 de mayo de 1918, llevan torpedos Bangalore, alambre de espinos y ¿Piquetas? [Fuente: Museo de la Primera División]



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Dos equipos de ametralladoras Hotchkiss, parte del primer Batallón de ametralladoras, de la1ª División, hicieron fuego de cobertura sobre las cabezas de la infantería que avanzaba hacia Cantigny en la mañana del 28 de mayo de 1918. [Fuente: Archivos Nacionales]


Una fotografía soberbia tomada por un observador aéreo francés en la que se puede ver a soldados alemanes que se retiran (parte inferior) mientras que la barrera de la artillería de la 1ª división alcanza su trinchera al sur de Cantigny, eran aproximadamente 7 a.m., el 28 de mayo, 1918.




[Fuente: Museo de la Primera División, adquirido del Museo del Ejército del Hotel Nacional de los Inválidos, París]


En esta imagen se pude ver un equipo de lanzallamas franceses en labores de limpieza del pueblo de Catigny pues de que las tropas norteamericanas tomarán la posición.



Monumento a los muchachos de la Primera División:

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Mapa con el desarrollo del ataque y explicación de la batalla:




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Monumento conmemorativo, sufragado por los USA.


Carro de Combate Verdeja

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Después de los dos intentos fallidos de mejorar al Panzer-I y al CV-33/35, el Estado Mayor aprobó la construcción de un carro en España, el denominado Carro . Recibió ese nombre en honor a su diseñador, el comandante de artillería Félix Verdeja Bardales, el cual presentó un proyecto en 1938 tras cuya aprobación se fabricó el primer prototipo en el mes de enero de 1939, siendo denominado carro Verdeja-1. 

El blindado era una suma de componentes de los carros en servicio, a excepción del tren de rodaje que era propio. Se trataba de un nuevo sistema, sin dientes guía, con las ruedas corriendo por un canal. El blindaje era de 16 mm en todas sus partes. El armamento era de un cañón de 45 mm modelo 1932, ligado a un telescopio de puntería proveniente de un T-26 y dos ametralladoras MG-13, originales de un Panzer I. El motor era un Ford V8 modelo 48 de gasolina, ligeramente modificado del modelo para turismos, mientras que la caja de cambios procedía de un Panzer I. Como se puede ver una auténtica obra de artesanía .

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El 10 de enero de 1939 se efectuaron las pruebas del nuevo prototipo en Zaragoza ante la comisión presidida por el general Orgaz con resultado favorable, y diez días después ante el general Franco con idéntico resultado. Su creador fue destinado a Bilbao con el encargo de terminar el proyecto.
Al final la Guerra Civil, el comandante Verdeja, formó parte de la comisión militar que, encabezada por el general Aranda, viajó a Alemania en junio de 1939 visitando varias fábricas de blindados y las escuelas de artillería y carros de combate . Tras la visita Verdeja junto a su equipo de la Dirección General de Industria y Material de Guerra terminó, en agosto de 1940, el segundo prototipo, el cual fue probado en el campo de maniobras y tiro del polígono de Experiencias de Carabanchel. Presidió la comisión de expertos el coronel de infantería Manuel Tuero Castro, jefe del Regimiento de carros nº 1.

Las pruebas comparativas con un modelo soviético T-26B demostraron la superioridad del carro español. El carro Verdeja-2, tras los buenos resultados, de los que daba cuenta el acta final de la comisión, realizó otra prueba en noviembre de ese mismo año con idénticos buenos resultados . En esa fecha el modelo estaba, comparativamente, al nivel de los carros en servicio de las distintas potencias, pero apenas un año después ya era claramente inferior, escaso de blindaje y con un cañón inferior al resto, por ejemplo los Panzer III alemanes ya montaban un cañón de 50 mm y el soviético T-34 nacía con uno de 76 mm y un blindaje máximo de 70 mm.

Al año siguiente, mediante la ley de 23 de junio, se creó una Compañía Anónima de carácter mixto, donde intervenía el Estado y también inversores privados, que se dedicaría a la construcción de Carros de Combate y Tractores. El 11 de agosto de 1941 Verdeja fue designado como integrante de la Junta de esa empresa y se aprobó la construcción de 1.000 unidades asignando un presupuesto: “Aprobado y poner en marcha. Varela” . Se pensó que la fábrica de Trubia podría fabricar nueve carros al mes y que si la fábrica de Reinosa se ampliase, cosa que al final no se hizo, podría llegar a construir hasta 190 unidades al año, con lo que se hubiese necesitado más de cinco años para completar el número inicialmente estimado de 1.000 tanques. La capacidad de producción española era muy modesta, ya que por ejemplo en 1941 Alemania fabricó solamente del modelo Panzer-III 2.409 unidades y el total de carros producidos de todos los tipos fue de más de 4.000, a los que habría que añadir los vehículos blindados . Además, al carro Verdeja se plantearon dos problemas, el primero de ellos fue que no existían motores y que el prototipo había sido construido con lo poco que se podía contar, no con el material adecuado, por lo que nuevamente se pensaba en realizar la compra en el extranjero. 

El segundo de ellos, y que fue el causante del abandono del proyecto, fueron los informes remitidos desde Rusia por los voluntarios de la División Azul sobre los nuevos carros soviéticos. La puesta en servicio del T-34 y el KV-1 hizo que a finales de 1941 el carro Verdeja-2 estuviese desfasado, escaso de blindaje y con un cañón principal insuficiente. Finalmente se dejó en dique seco la construcción de un carro español y se optó por la única opción posible, la compra directa a Alemania de carros de combate.

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Hermanos de la Orden Livona o los Hermanos Livonios de la Espada.


Los cuarteles de la Orden se encontraban en Viljandi (Fellin), en la actual Estonia, en donde las murallas del castillo todavía siguen en pie.

Otras plazas fuertes incluían: Cesis (Wenden), Sigulda (Segewold) y Aizkraukle (Ascheraden). Los comandantes de Viljandi (Fellin), Kuldiga (Goldingen), Aluksne (Marienburg), Tallin (Reval) y el Bailío de Paide (Weissenstein) pertenecían al consejo de cinco miembros del Maestre de la Orden.

 La Orden de Livonia era una rama autónoma de la orden de los caballeros teutónicos.

Eran miembros de la confederación de Livonia entre de 1435-1561.*

 Tras ser derrotados por los samogitianos en la Batalla de Schaulen (Saule) en 1236, los restos de los "Hermanos Livonios de la Espada" fueron incorporados a los Caballeros Teutónicos y a partir de 1236 tomaron el nombre de Orden de Livonia.

Entre 1237 y 1290, la Orden de Livonia conquistó a todos los pueblos de Courlandia, Livonia y Semigallia, pero los intentos de la Orden de invadir la vecina República de Novgorod no tuvieron éxito y su ejército fue finalmente derrotado en la Batalla de Rakvere (1268).

 En 1346, la Orden compró el Ducado de Estonia del rey Valdemar IV de Dinamarca. La vida dentro del territorio de la Orden se describe en la Crónica de Balthasar Russow (Chronica der Provinz Lyfflandt).

 La derrota de la Orden Livonia en la batalla de Swienta (Pabaiskas) el 1 de septiembre de 1435, que se cobró la vida del Gran Maestre y varios caballeros de alto rango, acercó la orden a sus vecinos en Livonia.

 El acuerdo de la Confederación Livoniana (eiine fruntliche eyntracht) fue firmado en Walk el 4 de diciembre de 1435 por el arzobispo de Riga, los obispos de Courland, Dorpat, Ösel-Wiek y Reval; Los representantes de la Orden de Livon y los vasallos, y los diputados de los consejos municipales de la ciudad de Riga, Reval y Dorpat.

 La Orden Teutónica cayó en declive tras su derrota en la Batalla de Grunwald en 1410 y la secularización de sus territorios prusianos por Alberto de Brandenburgo en 1525, pero la Orden de Livonia logró mantener una existencia independiente. Durante la Guerra de Livonia la Orden sufrió una derrota decisiva por las tropas de la Rusia moscovita en la Batalla de Ergeme en 1560.

La Orden buscó la protección de Segismundo II, el Rey de Polonia y el Gran Duque de Lituania. Después de llegar a un acuerdo con Sigismundo II y sus representantes, el último Gran Maestre de la Orden, Gotthard Kettler, secularizó la Orden y se convirtió al luteranismo.

 *Livonia (breve explicación) sería la actual Estonia, aunque realmente se correspondería en la Edad Media con un territorio más extenso habitado por los livonios. (Más o menos)

EL EJÉRCITO DE TIERRA EN LA ESPAÑA DE POSGUERRA (1939-1947) INSTRUMENTO Y PILAR EN LA CONSOLIDACIÓN DEL RÉGIMEN FRANQUISTA.

Fuente: Archivo particular de Luciano Martín González

El objetivo principal de esta tesis ha sido conocer con la mayor exactitud posible  cómo era el Ejército durante el primer franquismo, su composición, organización, despliegue, armamento y material,  así  como saber cuál fue el papel que desarrolló el Ejército en manos del régimen durante el periodo estudiado, ya que fruto de ese conocimiento se podrá entender mejor cómo esta institución desempeñó una labor clave en el afianzamiento del franquismo y así mejorar la comprensión de ese periodo.

Las Fuerzas Armadas fueron probablemente la institución más importante en el mantenimiento del franquismo durante casi cuarenta años, especialmente durante una larga posguerra que se extendió desde la finalización de la Guerra Civil, en abril de 1939, hasta la supresión del Estado de Guerra, en noviembre de 1947 razón por la que se ha elegido ese marco temporal para el estudio. Durante ese periodo, el Ejército de Tierra fue un instrumento del régimen al que sirvió como pilar fundamental en su consolidación.

Pese a la publicación en los últimos años de algunas obras de gran calidad sobre las Fuerzas Armadas durante el franquismo (PUELL DE LA VILLA, F. y ALDA MEJÍAS, S. (Eds.). Los Ejércitos del Franquismo (1939-1975). Madrid: Instituto Universitario Gutiérrez Mellado.) Seguía faltando un estudio y un análisis de cuál fue la función del Ejército durante el periodo comprendido entre 1939 y 1947, estudio que tuviese como base principal la documentación elaborada por los distintos organismos militares.

Esta es la principal novedad y aportación de este estudio. Ya que para su realización se han trabajado más de 20.000 documentos  internos del propio ejército español, siendo casi 2.000 de ellos inéditos hasta el momento, los cuales han sido la base fundamental de esta tesis. Todos y cada uno de ellos han sido estudiados, analizados y contrastados para rebatir o confirmar las principales hipótesis que hasta ahora la bibliografía ha presentado como las más verosímiles sobre el rol del Ejército y su situación material.

Espero que gracias a Este estudio se pueda conocer mejor al Ejército de tierra a través de su propia documentación sin tener que recurrir ya a informes de terceros países. Por lo que esta tesis viene a rellenar un espacio vacío muy importante en la historiografía española sobre la  realidad del Ejército de Tierra en la España de posguerra. Sin embargo, este trabajo de investigación no se ha planteado como una mera descripción de nombres, armamento o acciones militares, sino que los datos han sido analizados y puestos en relación con dos cuestiones primordiales.

Primero, cómo el Ejército desempeñó un rol clave en el fortalecimiento del franquismo, ya que por un lado defendiendo al régimen de los enemigos internos maquis o guerrilla y por otro fue un instrumento utilizado por el dictador para el ejercicio del poder.

En segundo lugar, realizando un análisis comparativo con otros Ejércitos de la época para comprender mejor cómo la situación de personal y material de las unidades condicionó la política exterior española durante la Segunda Guerra mundial.


FUENTES

Para la realización de este trabajo de investigación he utilizado fundamentalmente fuentes internas del Estado Mayor del Ejército y de las distintas Direcciones Generales y Secciones del ministerio del Ejército español, muchas de ellas inéditas hasta ahora. Esto representa una gran novedad en el conocimiento de la institución militar de la época, ya que con esta tesis se puede por fin ofrecer una visión desde dentro del propio Ejército de cuál era su situación material y de personal, así como los principales problemas que se presentaban en las regiones militares, desmontando de este modo la imagen que quiso trasmitir la propaganda de la época a través del Boletín Oficial del Estado, el NO-DO o publicaciones militares como la Revista Ejército, entre otros medios, de que España era una gran potencia militar que contaba con un poderoso Ejército que le hubiera permitido la consecución de un nuevo imperio.

Toda la documentación ha sido analizada para poder contrastar los informes y memorias elaborados por los distintos organismos dependientes del Ejército con los que hasta ahora ha manejado la historiografía sobre el tema. Pero la información de origen militar no puede ser aceptada sin más, ya que en su elaboración podrían haber influido muchos factores como el no elevar las críticas sobre la realidad, tal vez buscando el favor de los oficiales superiores en vistas un ascenso o una mejora en el destino. O tal vez fueron influenciados por los sobornos repartidos por el Foreing Office entre el generalato. Por eso toda la documentación consultada ha sido analizada y contrastada con detalle para poder afirmar la veracidad de la misma o refutar lo que en ella se indica.

Los archivos origen de esta documentación han sido fundamentalmente el Archivo General Militar de Ávila, el Instituto de Historia Militar de Madrid, el Fondo Varela del Archivo Municipal de Cádiz y la Fundación Nacional Francisco Franco.

Como fuentes bibliográficas para esta tesis han sido utilizadas las memorias publicadas por algunos de los generales más importantes de periodo, como por ejemplo las de Alfredo Kindelán.

 También se ha recurrido para la realización de este trabajo a la lectura de biografías de alguno de los principales actores del periodo estudiado, como por ejemplo la del general José E. Varela, (MARTINEZ RODA)


ESTRUCTURA DEL TRABAJO Y CONCLUSIONES PARCIALES

Este trabajo está estructurado en 6 capítulos

En el primero de ellos corresponde a los antecedentes y al Marco Histórico. En él se traza una breve evolución del Ejército desde el siglo XIX hasta el final de la guerra civil.

Y aunque no es objeto de este estudio el definir la naturaleza del régimen se ha estudiado el primer franquismo: sus fundamentos ideológicos, bases sociales y familias, las leyes fundamentales del régimen, la coyuntura internacional, el exilio, oposición y represión, así como la autarquía y el racionamiento.

En el segundo capítulo titulado “Un Ejército para después de una guerra” se estudia la organización del ministerio del Ejercito, los cuerpos armados y la organización territorial

Existe un debate historiográfico sobre las razones que motivaron la creación de tres ministerios militares en 1939 que aspiro a poder cerrar definitivamente.

He podido comprobar documentalmente que la opinión de crear tres ministerios fue la que expusieron los generales Kindelán, Dávila, Vigón y Varela en las discusiones que se sucedieron entre enero y agosto de 1939 sobre la idoneidad de crear uno, dos o tres ministerios. Además, en todo caso hay que señalar que hasta 1936 en España siempre existieron dos ministerios y no uno tendencia que comenzó a generalizarse en la década de los años 50.

La organización definitiva del Ministerio fue sometida a la aprobación del jefe del Estado, general Francisco Franco, en varias reuniones mantenidas entre el Generalísimo y el ministro Varela a lo largo del mes de agosto de 1939. Las cuales he constatado documentalmente.

Tras un intenso estudio y análisis de la documentación se puede afirmar que la decisión de la creación de tres ministerios tenía como objetivo la mejora de los trabajos “burocráticos”, que esta medida se tomó en 1939 y que en ella participaron generales como Dávila, Vigón, Varela y Kindelán.

También en este capítulo se estudia la organización territorial.

En todos los informes del Estado Mayor de posguerra a los que he tenido acceso se justificaba la nueva estructura regional por la necesidad de conjugar, de la mejor manera posible, las unidades existentes sobre el territorio con la facilidad de las comunicaciones y la disponibilidad de realizar un reclutamiento equilibrado.

Por lo que concluyo afirmando que su despliegue no fue motivado por querer ser un ejército de ocupación, sino que respondió a razones organizativas.

La única modificación de la organización territorial se produjo el 1 de marzo de 1944 cuando se creó la IXª región.

La razón que llevó al Ministerio a la creación de esta Región no parece que haya que buscarla en el deseo de una defensa más efectiva del Estrecho frente a una invasión anglo-americana, sino en una mejora de las comunicaciones, reclutamiento y otras facilidades apuntadas previamente por el EME en sus informes que están fechados en 1941, es decir más de un año antes del inicio de la operación Torch

El apartado final de este capítulo está dedicado a los Cuerpos Armados: Organización y despliegue: plantillas “naranjas” de septiembre de 1939, plantillas “azules” de abril de 1940, plantillas “verdes” de agosto de 1943, variaciones de 1945 y 1946 y las unidades de la serie 100

He podido documentar los numerosos cambios y la evolución del número de divisiones, aunque sería muy interesante en un futuro profundizar en el estudio de las unidades de la denominada como serie 100.

Gracias a esta tesis se puede saber sin género de dudas el número de división con la que fue contando el Ejército durante el periodo estudiado.

Así, en 1939 el Ejército contaba con 25 divisiones, a las que había que sumar dos de la serie 100, totalizando por lo tanto 27 divisiones. Tras la entrevista de Hendaya se planificó, en noviembre de 1940, movilizar hasta 50. Informe que he estudiado y analizado. En 1943, siendo ministro el general Asensio, se redujeron las divisiones a 22 aunque habría que sumar nueve de la serie 100, llegando a totalizar el Ejército 31 en 1945. Finalmente, esas nueve divisiones de la serie 100 fueron desmovilizadas durante el periodo 1945-1947 quedando reducidas finalmente a 22.



En el capítulo tercero he analizado la situación material del Ejército al que califico como un ejército en alpargatas.

En primer lugar he trabajado los informes sobre la situación del Ejército. Los primeros de ellos elaborados entre septiembre de 1939 y finales de 1940. Destacan, el primer informe de Martínez Campos: 8 de mayo de 1940, los informes elaborados por el OKW entre agosto de 1940 y octubre de 1940 y el segundo informe de Martínez Campos de diciembre de 1940. Todos ellos apuntan a las mismas deficiencias y carencias. Además, todos los informes coinciden en la conveniencia de que España permanezca neutral, ya que se carecía de medios blindados, artillería anti-tanque o anti-aérea, no sería posible una rápida movilización y que se carecía de las materias primas necesarias.

He comprobado documentalmente que esta opinión fue la predominante en el generalato y cuerpo de jefes y oficiales, y que es anterior al inicio de la operación de sobornos desarrollada por los británicos. Pienso que el informe presentado por Martínez Campos, en mayo de 1940, es un fiel reflejo objetivo de la situación del Ejército, exento de toda influencia externa o patriotismo. Así, los sobornos británicos no hicieron sino reafirmar una opinión favorable a la neutralidad que era dominante en el Ejército con lo que la influencia de los sobornos en la neutralidad española no fue tan determinante.

He dedicado un apartado del capítulo al estudio de la situación de personal y del material. Documentando la escasa capacidad de movilización y falta de mandos profesionales adecuados,

Además, el armamento de infantería era escaso y con multiplicidad de calibres. La Artillería de campaña, antiaérea y de costa suponía un verdadero Talón de Aquiles. Al punto que los informes internos del EME, que no de los posibles generales sobornados, afirmaban sin tapujos que: “Nuestro estado en esta cuestión es verdaderamente lamentable, pudiendo asegurarse que las unidades de Ejército en caso de una campaña seria estarían totalmente indefensas contra los ataques aéreos”
No se contaba con carros de combate modernos. Solamente se contaba con existencias de municiones y material de trasmisiones, de zapadores, vehículos, carburante, material ferroviario y de intendencia para un periodo máximo de tres o seis meses, dependiendo del capítulo.

También he documentado los problemas de acuartelamiento, alimentación y vestuario de las tropas, la falta de capacidad de la industria militar. Aspectos que merecerían un futuro estudio en mayos profundidad.

Y finalmente he estudiado las compras de armamento y los acuerdos con Alemania: Plan Bär, plan Eltze y plan Ankara. Aunque este apartado ya ha sido estudiado con gran detenimiento por Lucas Molina.

La conclusión general del apartado ese que el Ejército español de posguerra era un ejército falto de personal profesional, carente de armamento moderno y escaso de suministros y del material adecuado. esa fue la conclusión a la que llegó, ya en mayo de 1940 el jefe del EME, el general de artillería don Carlos Martínez de Campos, el cual elevó varios informes al ministro Varela, mostrando esa valoración tan demoledora como concluyente, presentando la verdadera situación del Ejército español en ese momento. Esta opinión es la que considero como la más verosímil pues he comprobado documentalmente que sigue la misma línea de los varios centenares de informes inéditos que he podido consultar; además, al ser la documentación de diverso origen (EME, Subsecretarías, Direcciones Generales, Capitanías generales y hasta de los Estados Mayores de las distintas unidades) lo que hace muy difícil pensar que toda ella esté sesgada de alguna manera para maquillar la situación de las unidades, bien por intereses personales o por los conocidos sobornos británicos.


En el capítulo cuarto, bajo el título de “El Ejército, pilar del régimen” he analizado las operaciones militares en defensa del nuevo Estado.

En la España de posguerra el orden público quedó en manos militares, cuya primera línea fue la formada por la Guardia Civil y la Policía Armada. Por lo que en España no se puso la defensa interior del régimen en manos de las milicias u organizaciones del partido como fue el caso de Italia o Alemania.

Cuando el problema excedía a las capacidades de la Guardia Civil  se formaron columnas de operaciones especiales. Así he estudiado la Columna de Operaciones de Asturias (1939-1940), trabajo que presenté en 2013 en el Tercer Coloquio Internacional de Historia Bélica CIHBE de la Universidad de Cantabria. También las operaciones de la División destacada de Caballería en los Montes de Toledo (1940-1942), que presenté en diciembre pasado en el Seminario Internacional sobre La violencia y sus relatos (1936-1948) en la Universidad Autónoma de Barcelona. Así como la más conocida Invasión del Valle de Arán (1944).


Finalmente en el capítulo quinto analizo al Ejército como un instrumento del régimen. He estudiado el Plan de movilización de noviembre 1940, aunque convendría hacer un estudio mucho más minucioso del mismo a fin de establecer que posibilidades reales tenía España de poder cumplir tal plan.

También he estudiado la planificación de defensa del territorio nacional en Baleares, estudio que publique en 2014 en la RUHM, así como en los posibles teatros de operaciones de  Gibraltar y el Estrecho, Canarias y el Protectorado de Marruecos. Aportando nuevos datos sobre la unidades allí desplegadas o la situación material de las mismas.

He podido comprobar como en todos estos planes, que al final solamente quedaron en el papel, se percibe el miedo a una invasión ante la incapacidad de afrontar una defensa efectiva de España o una incapacidad propia para realizar operaciones ofensivas, salvo ayudas de calado por parte de Alemania.


Conclusión:

La conclusión final a la que se puede llegar tras el análisis de gran parte de la documentación interna del Ejército de Tierra, del Ministerio, del EME y de los archivos personales de los ministros, es que el Ejército español de posguerra estaba escasamente dotado de armamento, tenía falta de personal cualificado, oficiales, suboficiales y miembros del CASE, y presentaba graves deficiencias en su motorización, faltando motocicletas, coches y camiones. Además, carecía de los suministros necesarios para participar en una guerra, destacando sobre todo la incapacidad del abastecimiento de combustible. También la propia debilidad industrial del país y la autarquía económica impidieron dar solución a todos esos problemas, los cuales fueron empeorando con el paso de los años, pese a algunas compras de material y suministros en Alemania y otros países. Elementos que podemos ahora medir y cuantificar exactamente con los datos que presentamos en este trabajo.

Así pues, la principal labor de la institución militar y en concreto del Ejército de Tierra fue la defensa del régimen del enemigo interior, huidos, guerrilleros y maquis, labor que desarrolló con eficacia en colaboración con la Guardia Civil y la Policía Armada en tres operaciones en Asturias, los Montes de Toledo y el Valle de Arán. Sin embargo, su debilidad condicionó la participación española en la Segunda Guerra mundial, algo que hubiese satisfecho a muchas de las autoridades políticas de la época, principalmente a los falangistas, deseosas de la construcción de un nuevo Imperio, y pese a que se trazaron diversos planes de operaciones que contemplaban ataques a Gibraltar o el Protectorado francés de Marruecos estos nunca pasaron del papel debido a la debilidad de las unidades, elemento perfectamente conocido por la máximas autoridades civiles y militares, incluido el jefe del Estado, gracias a las decenas de informes reservados y secretos que fueron elaborados por el Estado Mayor del Ejército durante esos años, los cuales han sido la base de esta tesis.


Así, fue gracias a la fidelidad y lealtad del Ejército en los difíciles años de la posguerra, mediante las operaciones militares de limpieza de los montes de Toledo, Asturias y Pirineos, el suministro de los cuadros directivos al naciente régimen, ministros, directores de empresas públicas y cargos intermedios de la administración, y la organización y diseño de planes de Defensa Nacional ante un ataque de alguna de las potencias inmersas en la Segunda Guerra mundial, que el régimen franquista pudo consolidarse durante los difíciles años de la posguerra y mantenerse durante casi cuarenta años. El Ejército de Tierra español, estuvo mal dotado de armamento, escaso de suministros de todo tipo y falto de personal, una situación acorde con la España de posguerra donde la miseria, el hambre y la escasez eran habituales. Aun así, cumplió con su papel clave de defensor del orden público sirviendo como instrumento y pilar en la consolidación del régimen franquista durante la posguerra, periodo que se extendería hasta la supresión del Estado de guerra en noviembre de 1947.