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10.4. Fases militares de la Guerra Civil. La evolución política y económica en las dos zonas. Consecuencias económicas y sociales de la guerra. Los costes humanos.


Aspectos militares de la Guerra Civil Franco y su liderazgo militar


Desarrollo de la guerra

1.- La guerra de columnas (julio-noviembre 1936)

En la zona Norte las columnas de Mola consiguieron asegurar el frente en la zona centro, Somosierra, Navacerrada, Alto del  León. Además se conseguía ocupar San Sebastián e Irún. Desde Cataluña y con dirección a Zaragoza o Huesca salían las principales columnas republicanas.

En la zona Centro cabría destacar las columnas republicanas que saliendo de Madrid fijaban un frente discontinuo en la zona Norte de la región así como la zona de Sigüenza en Guadalajara. La llamada columna Miaja que desde la zona de Levante y Albacete actuaría en la zona del Guadalquivir.

Sin embargo no cabe duda que el escenario principal se desarrollo en la zona del Estrecho y Extremadura. El grueso de las tropas sublevadas se encontraban en Marruecos y el paso del estrecho de Gibraltar no parecía posible. Como resultado de las gestiones realizadas por enviados de Franco, apenas unos días después del alzamiento Italia y Alemania enviaban aviones de transporte. Con ellos se iba a producir el primer transporte de tropas de la historia. Se enviaron refuerzos, regulares y legionarios a Sevilla, Cádiz o Huelva. Sin embargo aunque importante este transporte no fue determinante. Al final el paso se tuvo que realizar del modo tradicional, esto es en barco.


Se avanzó ocupando Mérida, Badajoz, donde la represión fue durísima, posteriormente cabe destacar la toma de Talavera de la Reina y la liberación del Alcazar de Toledo (Moscardó) A finales del mes de octubre se producía la batalla de Seseña y en noviembre las tropas del general Varela llegaban a las inmediaciones de la capital.

2.- La lucha en torno a Madrid y la toma de Málaga (noviembre 1936-marzo 1937)

El primer intento sobre la capital consistió en un ataque frontal. Las columnas de Varela deberían avanzar sobre la capital desde la carretera de Toledo, sin embargo este primer asalto resultó un fracaso y el frente quedó más o menos estabilizado desde Basurero en el Sur hasta la ciudad universitaria, siguiendo aproximadamente la línea del río Manzanares.

Se planteó un ataque de flanco para mejorar esa situación. Será la conocida como batalla de la carretera de La Coruña donde las tropas nacionales ocuparán la zona entre Las Rozas y Pozuelo pero quedando nuevamente detenidas frente a la ciudad universitaria.

El tercer intento de ataque a la ciudad fue un ataque de flanco con la intención no ya de ocupar la ciudad si no de aislarla del resto de la zona republicana. La batalla del Jarama supondrá un nuevo revés para las tropas nacionales, ya que pese a la ganancia de terreno y a conseguir tener batida la carretera de Valencia la ciudad no fue rodeada ni embolsada.

El último intento sobre Madrid será la batalla de Guadalajara. En esta ocasión serán las tropas italianas del CTV, que venían de capturar Málaga, las que intentarán embolsar la ciudad. El resultado fue un rotundo fracaso. Después de un rápido avance por parte italiana el posterior contra ataque republicano no sólo llevo al CTV a sus posiciones iniciales, si no que además consiguió un enorme éxito tanto propagandístico como de material capturado.

Viendo entonces que la posibilidad de asalto o conquista de la capital no era factible Franco decidió variar el escenario principal de las operaciones.


Durante las primeras fases de la ofensiva se produjo el bombardeo de la ciudad de Guernica por parte de la aviación alemana de la Legión Cóndor. Lo cierto es que el pánico producido por la casi destrucción de la ciudad influyó de forma significativa en la falta de resistencia de la ciudad de Bilbao, pese al Cinturón de Hierro. Una vez ocupada toda la provincia las tropas del PNV llegaron a un acuerdo a través de la diplomacia vaticana para rendirse a los italianos, será el acuerdo de Santoña, el cual Franco se negó a reconocer. Posteriormente se produciría la caída de Santander y finalmente la eliminación de todo el frente Norte.

Por su parte el mando republicano realizaba dos ofensivas encaminadas tanto a aligerar la presión sobre el frente norte como a recuperar posiciones en la zona central.

La primera de ellas fue la ofensiva de Brunete después de la caída de Bilbao. Pretendía dicha ofensiva llegar hasta Navalcarnero en la carretera de Extremadura. De esa forma se conseguiría eliminar la presión sobre Madrid, ciudad que era frente de guerra desde noviembre de 1936. Tras un primer avance bastante rápido de las tropas republicanas el posterior contra ataque nacional hacía que las posiciones volviesen al punto de partida.

La otra ofensiva fue la de Belchite, donde las tropas republicanas intentaron un movimiento de flanco que les permitiese ocupar bien Teruel o especialmente Zaragoza. Finalmente nada se consiguió, ya que el frente apenas se vio modificado.

4.- La campaña de Teruel y lallegada al Mediterráneo (diciembre 1937-junio 1938)

La ofensiva republicana sobre Teruel fue un éxito y el Ejército nacional desencadenó una contra ofensiva en Teruel, siendo recuperada. Posteriormente una ofensiva general en el frente de Aragón conseguía la victoria de Alfambra, ocupar el Maestrazgo y lo que todavía era peor, llegar al Mediterráneo en Vinaroz, dividiendo así la zona republicana en dos. Además se conseguía ocupar la ciudad de Lérida y por tanto hacer las posiciones en el frente de Aragón mucho más cómodas para los nacionales.

5.- La batalla del Ebro y la campaña de Cataluña. (julio 1938-febrero 1939)

El Estado Mayor republicano planteó entonces la principal ofensiva de toda la guerra. El cruce del Ebro en la zona de Gandesa. El paso del Ebro si bien fue bastante rápido ni siquiera consiguió un objetivo tan limitado como ocupar Gandesa. La reacción nacional fue muy rápida y además hay que tener en cuenta que en esta época la superioridad aérea nacional era cada vez mayor.

A Franco se le planteaban dos opciones. O bien una movimiento de flanco, tal vez partiendo de Lérida, para aislar totalmente al ejército de Cataluña o bien el enfrentamiento directo y la guerra de desgaste. Se optó por lo segundo probablemente por dos consideraciones. En primer lugar un movimiento cercano a la frontera francesa en un momento de máxima tensión por la crisis de los Sujetes fuese visto como una amenaza por Francia. En segundo lugar, Franco como casi todos los oficiales españoles del momento habían crecido con las doctrinas francesas de la primera guerra mundial, es decir guerra de desgaste y punto débil del enemigo.

El resultado de este verdadero “choque de carneros” fue la costosísima victoria nacional, en una batalla que como aquellas de la primera guerra mundial en Francia se decidió después de varios meses y donde las unidades soportaban pérdidas de hasta el 80%. Pero si costosa fue la victoria nacional perores resultados tuvo en el bando republicano. Se puede decir que la moral del Ejército Popular en Cataluña se hundió.

En la posterior ofensiva sobre Cataluña la resistencia como tal no existió y aquellas unidades que decidieron y continuaron resistiendo apenas tenían coordinación con otras. Barcelona fue ocupada sin resistencia de ningún tipo.

6.- El final de la guerra. (febrero 1939-abril1939)

En la Junta de defensa de Madrid su comandante el coronel Casado, destacados líderes socialistas como Julián Besteiro y hasta anarquistas como Cipriano Mera veían cada vez peor la influencia del PCE y de la URSS en el Gobierno. Además consideraban que continuar con la guerra lo único que provocaría sería un mayor sufrimiento y una mayor represión final.

Por todo ello en el mes de marzo se produjo un golpe de Estado en Madrid. Tras varios días de lucha entre casadistas y comunistas los primeros se hacían con el control de la capital y en un dramático comunicado por radio Besteiro llamaba al fin de la guerra. El intento de negociar algún acuerdo con los nacionales fue un fracaso. Casado marchó al exilio al igual que Negrín y cuanto republicano pudiese. Los puertos de Almería, Cartagena, Alicante y Valencia vieron partir cualquier tipo de embarcación atestada de refugiados republicanos rumbo principalmente a Argelia.

En la ofensiva de la victoria las tropas nacionales se dedicaron a ocupar lo más rápidamente posible las últimas capitales en manos republicanas, especialmente Madrid, donde las tropas del Ejército Popular cuando no se rendían principalmente abandonaban su unidad y equipo para dirigirse a sus casas. El 1º de abril de 1939 tras casi tres años de infernales combates terminaba la Guerra Civil. Tan solo cinco meses después comenzaba la Segunda Guerra Mundial donde los españoles participarán de forma destacada en ambos bandos.



EVOLUCIÓN POLÍTICA EN EL BANDO NACIONAL

Cuando se planteó y organizó el golpe de Estado se acordó que la jefatura y dirección del mismo correspondiese al general Sanjurjo, que en ese momento estaba exiliado a consecuencia de su anterior intento de golpe en 1932. Sin embargo, el día 20 de julio moría en accidente aéreo nada más despegar su avión desde Lisboa. Se producía así un “vacío de poder” entre los sublevados.

Durante los primeros días el sistema que se empleó fue el de bandos que cada uno de los generales sublevados proclamaba en sus zonas de influencia Mola en el Norte, Queipo en Andalucía o Franco en Marruecos. Sin embargo para unificar y tratar de coordinarles a todos ellos se eligió el 24 de julio al general Cabanellas, el de mayor antigüedad, para que presidiese una Junta de Defensa Nacional con sede en Burgos.

Esta Junta estaría asesorada por una serie de comités que tomaron las primeras decisiones. Se restableció la bandera roja y gualda, se proclamó el estado de guerra a todo el territorio nacional, además se promulgó la ley marcial y finalmente se sustituyeron a las autoridades civiles por militares.

En el capítulo meramente político se eliminaron los derechos de reunión y manifestación, se estableció la censura de prensa y se ilegalizaron todos los partidos y sindicatos del Frente Popular siendo todos sus bienes incautados. Pero es que además los mismos partidos que se habían sumado al golpe cuando no lo habían propiciado vieron sus derechos muy limitados, caso de la CEDA. Solamente la Falange y los Requetés mantuvieron cierto margen de acción, viendo reconocidos sus símbolos que eran los únicos permitidos a parte de los de carácter militar. Se puede concluir que durante el verano de 1936 en el bando nacional se pasó a un régimen de carácter  militar.

El cambio fundamental se produjo el 1º de octubre de 1936. En ese día varios de los más destacados de los generales sublevados se reunían en una pequeña caseta de un aeropuerto a las afueras de Salamanca. En esta reunión se otorgaba a Franco el mando de las operaciones, nombrándole generalísimo de los Ejércitos, además de jefe del Gobierno y jefe del Estado.

A nivel económico se hizo claro desde el principio la reorganización de toda la producción dentro de la zona controlada por los nacionales para contribuir al esfuerzo de guerra. Un ejemplo de todo esto sería la ley de 23 de agosto de 1937 por la que se creaba el Servicio Nacional del Trigo. En el capítulo financiero el dirigismo, anticipo de la autarquía, marcó la línea fundamental de actuación del nuevo estado.

El 19 de abril de 1937 se aprobó el Decreto de Unificación, por el cual se creaba un único partido político legal y autorizado en el bando nacional, Falange Española Tradicionalista y de las JONS. El nuevo partido quedaba bajo el mando directo de “el caudillo”, se establecía una Junta Política y un Consejo Nacional cuyas funciones serían meramente consultivas, es decir, se reproducía el modelo de Partido Fascista italiano. Además la decisión integraba dentro del mismo partido a grupos de ideología muy diversa lo que provocaría graves y grandes tensiones especialmente entre falangistas y tradicionalistas.

Las leyes que se fueron tomando iban encaminadas a la desaparición de las libertades y la centralización del poder.

La principal de ellas sería El Fuero del Trabajo, entrando en vigor el 9 de marzo de 1938. Realmente se trata de una adaptación de la Carta dei Lavoro italiana con retoque por parte de la falange. De esta forma se regulaban las relaciones laborales y se creaban Magistraturas de Trabajo para solucionas los conflictos laborales.

En 1938 se aprueba la nueva Ley de Prensa que ratifica la censura previa. Además, se producen dos creaciones periodísticas durante la contienda que tienen una importante repercusión posterior: la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda (1937), Radio Nacional de España (1937), en la que colaboraron activamente los alemanes e italianos, y la Agencia Efe (1939).

En el campo religioso la unidad entre el nuevo Estado y la Iglesia católica fue cada vez mayor. Se declaró como única confesión tolerada la Católica, se reestableció el presupuesto de culto y clero, se volvió a permitir la enseñanza religiosa, se derogó la ley de Congregaciones y regresaron los jesuitas, se eximió a la Iglesia del pago de impuestos y se eliminó el matrimonio civil y por supuesto el divorcio. Realmente en este apartado y tras la pastoral de 1937 de apoyo a los sublevados se puede hablar de un nacional-catolicismo y de un total apoyo de la jerarquía eclesiástica al bando nacional.

La última de las leyes aprobada fue la Ley de responsabilidades políticas, en febrero de 1939. Que permitía juzgar por rebelión armada a todos los republicanos, así como la ilegalización de los partidos del Frente Popular. 


EVOLUCIÓN POLÍTICA DEL BANDO REPUBLICANO

El 18 de julio dimitió el jefe de Gobierno Santiago Casares Quiroga y fue sustituido por Diego Martínez Barrio quien forma un ejecutivo que no llega a tomar posesión. Realmente su función consistió en contactar con el general Mola en Pamplona y tratar de llegar a algún tipo de arreglo. Ante la negativa de este último Martínez Barrio dimite siendo sustituido el 19 de julio por José Giral, también de Izquierda Republicana como Azaña.

La situación que encuentra Giral es demoledora. La red de gobernadores civiles y militares se encuentra desbordada y no se sabe quien es de confianza con lo que el Gobierno se ve incapacitado para impartir órdenes o realizar sus funciones. Realmente el poder a nivel provincial o local se encontraba en manos de comités revolucionarios organizados por los partidos y sindicatos, como los casos de Madrid, Valencia o Barcelona.

Las primeras medidas del Gobierno republicano estuvieron limitadas por la existencia de numerosos comités de partidos que escapaban a su mando cuando no se oponían a los decretos del Gobierno. En la práctica transportes, comunicaciones, empresas, servicios públicos, talleres y especialmente seguridad y milicias se encontraban en manos de partidos y sindicatos. Incluso lugares como hoteles, peluquerías, y restaurantes fueron colectivizados y manejados por sus propios trabajadores.

El 2 de agosto se publico un decreto por el que el Gobierno se incautaba de todas las empresas, inmovilizaba cuentas corrientes y depósitos y se prohibía la transmisión de bienes inmuebles. Evidentemente también fueron incautadas todas las propiedades de la Iglesia. Las tensiones internas no se hicieron esperar, además las continuas derrotas militares durante el verano lastraron la labor del Gobierno cada vez más incapaz de controlar la situación.

Ante estas circunstancial Giral dimite el 4 de septiembre siendo sustituido por Francisco Largo Caballero. El nuevo Gobierno será de unidad, estando representados todos los partidos y sindicatos que permanecen fieles a la República, contando además con el apoyo explícito de la CNT. Las principales tareas del nuevo Gobierno fueron las de recuperar su poder tanto político como económico y hacer frente a la ofensiva nacional creando un verdadero ejército. Otra de las grandes decisiones del Gobierno fue la aprobación del estatuto de autonomía del País Vasco el 1 de octubre de 1936, siendo su primer Lehendakari el peneuvista  José Antonio Aguirre.

A primeros de noviembre se producía un hecho histórico sin precedentes al incorporarse cuatro dirigentes anarquistas al Gobierno, además por vez primera en la historia una mujer ocupaba un ministerio, en este caso la anarquista Federica Montseny se hacía cargo del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social.

Una polémica decisión fue el traslado el 7 de noviembre de 1936 del Gobierno de Madrid a Valencia ante la cercanía de las columnas del general Varela, creando para la defensa de la capital una Junta de Defensa que asumió todas las responsabilidades en la organización de la defensa y la vida cotidiana. La tensión aumento en el bando republicano entre Gobierno y PCE, por un lado, y anarquistas y trosquistas por otro.

La tensión estalló el 3 mayo de 1937 en Barcelona. El Gobierno de la Generalitat, presidido por Lluis Companys, decidió eliminar los comités de vigilancia y centralizar la dirección de orden público. El intento del responsable de asuntos interiores en el gobierno autonómico, Artemio Ayguadé de tomar la Telefónica produjo un tiroteo con los anarquistas que la ocupaban desde julio del año anterior. Durante cinco días anarquistas y trotskistas del POUM se enfrentaron a comunistas y fuerzas del orden, siendo los primeros derrotados. Las consecuencias no se hicieron esperar. La insurrección fue esgrimida por el PCE contra el POUM para acusarles de fascistas y quintacolumnistas, exigiendo su ilegalización. Además del cierre de sus órganos de prensa y disolución de sus milicias. Ante la negativa de Largo Caballero los ministros comunistas presentaron su dimisión provocando una crisis que llevan al presidente a presentar su dimisión el 15 de mayo.

No se sabe a ciencia cierta cual fue la razón por la que fue elegido para el nuevo Gobierno Juan Negrín López y no Indalecio Prieto, que era el esperado por la opinión publica. Lo cierto es que en el nuevo Gobierno no habría representación ni de la UGT ni de la CNT. Además una de las primeras medidas tomadas fue la ilegalización del POUM el 15 de junio de ese mismo año, siendo detenidos sus dirigente. Cabe reseñar especialmente la detención de Andréu Nin que moriría asesinado por la GPU soviética en Alcalá de Henares el 20 de junio.

Negrín será el jefe de Gobierno hasta el final de la guerra contando cada vez más con el apoyo del PCE, sectores del socialismo y aunque a regañadientes con el de la CNT. La posterior ofensiva sobre Cataluña y el exilio del Gobierno con su presidente a la cabeza, de toda la Generalitat y hasta del presidente de la República Manuel Azaña no hacían presagiar más que el fin de la lucha. Negrín regresaría a España el 9 febrero de 1939 pero tan sólo para ser testigo del fin de la República.

Dispuesto a poner en práctica su plan de continuar la guerra. El 21 de febrero se entrevista en Madrid con el coronel Casado. Cuando sabe de la renuncia de Azaña, el presidente de las Cortes, Martínez Barrio, comunica a Negrín que estaría dispuesto a sustituirle si el jefe de Gobierno emprende una política encaminada hacia una paz inmediata y honrosa. Pero no hubo contestación puesto que de inmediato surgieron los sucesos derivados de la conspiración dirigida por Segismundo Casado. Casado define el Gobierno de Negrín como “una dictadura... Al servicio de una potencia extranjera”. En la entrevista con Negrín en Madrid, Casado le dice que es imposible seguir la guerra. Casado había suspendido en Madrid la publicación de Mundo Obrero por un ataque a Largo Caballero. La guerra entre Casado y los comunistas estaba servida. En la reunión  del aeródromo de los Llanos, en Albacete, entre Negrín y los principales jefes militares, según Casado todos los jefes militares estaban de acuerdo en que la guerra no debía continuar.

El día 5 Casado y sus tropas toman los principales edificios oficiales de Madrid y se constituye el Consejo Nacional de Defensa. Besteiro, la mas importante personalidad política sumada a la conjura, acusa a Negrín de fanatismo pedía la obediencia al Consejo. En los días siguientes se producen enfrentamientos en Madrid entre unidades comunistas y las de Casado y el anarquista Cipriano Mera, que acabo con la derrota de los comunistas. El consejo quedo instalado y se disponía a emprender negociaciones de paz con Franco.

Cuando Negrín que estaba en Elda, se enteró de lo ocurrido en Madrid, destituyó a Casado e intentó detener su acción. Al no conseguirlo, Negrín, sus ministros y algún mando comunista abandonan el país en avión.

El 28 de marzo las tropas de Franco entrarían en Madrid, el 31 Alicante seria ocupado y el 1 de abril la guerra terminó y la Republicana dejaba de existir.


Las consecuencias de la guerra civil

Se han dado cifras muy dispares al cuantificar las pérdidas demográficas que causó el conflicto: los muertos en el frente y por la represión en la guerra y en las posguerra, el hambre, las epidemias, la reducción de la natalidad consiguiente, etc. se barajan cifras de entre medio millón y el millón de fallecidos. Los cálculos más aceptados estiman en quinientos mil muertos, el coste demográfico de la guerra y la posguerra. A ello habría que añadir la cifra de no nacidos, que según Salas Larrazabal llegaría hasta 630.000 mientras que G. Jackson los sitúa en 160.000, y la pérdida de población joven. La tasa de natalidad disminuyó hasta el 16.5 por mil en 1939.

En febrero de 1939 se publicó el decreto de Actividades Políticas que permitía juzgar a todos los vencidos por sus pasadas actividades políticas desde 1934. El increíble argumento jurídico de esta ley era la de considerar a los republicanos como reos de rebelión y del delito de oponerse al triunfo del Movimiento nacional, triunfo “históricamente inevitable”, como decía la ley misma. En 1940 se añadió a ella una nueva ley de Represión del Comunismo y la Masonería. Esto supuso que el número de prisioneros políticos en las cárceles y campos de trabajos forzados (Valle de los Caídos o Castruera) fuese muy elevado, 270.719 según el anuario estadístico en 1939. Murieron en prisiones franquistas, entre otros, Julián Besteiro o Miguel Hernandez. Sin embargo, la oposición al régimen se hizo creciente surgiendo el “maquis” y teniendo como acción más destacada la invasión del valle de Arán en 1944.

Otro elemento clave de las consecuencias demográficas fue el exilio republicano. Ya durante el conflicto, los "niños de la guerra" fueron evacuados a países extranjeros, Méjico, Francia, Reino Unido pero sobre todo a la Unión Soviética, pero el gran éxodo tuvo lugar en enero y febrero de 1939, consecuencia de la conquista de Cataluña. Que fueron reunidos en campos de refugiados como el de Argelés. Finalmente se produjo un último exilio a finales de marzo con el final de la guerra y desde los puertos de levante como valencia, Alicante, Cartagena o Almería intentando alcanzar las costas de Argelia.

En conjunto, se calcula que hubo unos cuatrocientos cincuenta mil exiliados. Aunque algunos fueron retornando durante la dictadura, muchos no volvieron a España o esperaron a la muerte del dictador en 1975. Este exilio supuso una importante pérdida demográfica para el país, una población joven y activa, que incluía a gran parte de los sectores más preparados del país, las elites científicas, literarias y artísticas de la Edad de Plata, funcionarios, militares y personal altamente cualificado. Murieron exiliados Manuel Azaña o Largo Caballero.

Muchos de estos exiliados en Francia se alistarían en la Legión Extranjera combatiendo en Narvik (Noruega), formando parte de las primeras tropas de De Gaulle, en el Norte de África integradas luego en la división Leclerc y siendo los primeros en entrar en París en 1944. Además muchos otros colaborarán con la resistencia francesa durante toda la guerra. Otro grupo terminará en los campos de concentración nazis como los de Dachau o Mauthausen.

La emigración española a América como consecuencia de la Guerra es uno de los episodios más notables de la posguerra. Son célebres las expediciones de emigrantes en los barcos “Ipanema” o “Winnipeg” que llegaron a Méjico, país que gobernado por Lázaro Cárdenas les recibió generosamente. La colonia de emigrados produjo obras culturales importantes, centros de estudio y editoriales. Además desde 1945 se eligió un gobierno republicano en el exilio, institución que permanecería hasta 1977.

La guerra fue una verdadera catástrofe económica. A la desaparición de una gran parte de la población activa española hay que añadir las cuantiosas pérdidas materiales. Un dato revela su magnitud, la renta nacional y per cápita no recuperará el nivel de 1936 hasta la década de 1950. En la cornisa cantábrica se produce una reducción el 50% en la producción de acero y hierro fundido con respecto a 1929. Se produjo la destrucción del tejido industrial del país, lo que llevó a la vuelta en los años cuarenta a una economía básicamente agraria. Pero es que además la producción de trigo acusa una reducción del 30 % en 1939 respecto a 1935, la cebada, un 35% y la remolacha, un 65%. La ganadería por su parte sufre un descenso muy fuerte, al desaparecer el 40% de los caballos y el 25% del ganado mular y bovino.

Destrucción de viviendas, se calculan en unas doscientas cincuenta mil, con ciudades arrasadas como Guernica o Belchite y otras con grandes daños como Madrid, Barcelona o Teruel. Los transportes quedaron seriamente dañados, el 75% de los puentes han de ser reparados, el 40% de locomotoras y vagones deben ser repuestos y el 70% de los autobuses están inservibles. España soporta, además, la deuda contraída por el régimen franquista con Alemania e Italia, a lo que hay que sumar las deudas con las compañías petroleras norteamericanas. Así mismo hay que añadir la desaparición de 510 toneladas de oro del banco de España por pago de armamento y víveres por parte del Gobierno republicano sobre todo a la URSS. El resultado de la guerra trajo consigo la recuperación de la hegemonía económica y social por parte de la oligarquía terrateniente, industrial y financiera. Paralelamente, se dio la pérdida de todos los derechos adquiridos por los trabajadores.

 La guerra supuso una verdadera fractura moral del país. Varias generaciones marcadas por el sufrimiento de la guerra y la represión de la larga posguerra. El régimen de Franco nunca buscó la reconciliación de los españoles y siempre recordó y celebró su origen bélico. Las heridas de la guerra civil perduraron durante decenios y la persecución y represión de los vencidos fue un rasgo clave del franquismo.  




Carro de Combate Verdeja

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Después de los dos intentos fallidos de mejorar al Panzer-I y al CV-33/35, el Estado Mayor aprobó la construcción de un carro en España, el denominado Carro . Recibió ese nombre en honor a su diseñador, el comandante de artillería Félix Verdeja Bardales, el cual presentó un proyecto en 1938 tras cuya aprobación se fabricó el primer prototipo en el mes de enero de 1939, siendo denominado carro Verdeja-1. 

El blindado era una suma de componentes de los carros en servicio, a excepción del tren de rodaje que era propio. Se trataba de un nuevo sistema, sin dientes guía, con las ruedas corriendo por un canal. El blindaje era de 16 mm en todas sus partes. El armamento era de un cañón de 45 mm modelo 1932, ligado a un telescopio de puntería proveniente de un T-26 y dos ametralladoras MG-13, originales de un Panzer I. El motor era un Ford V8 modelo 48 de gasolina, ligeramente modificado del modelo para turismos, mientras que la caja de cambios procedía de un Panzer I. Como se puede ver una auténtica obra de artesanía .

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El 10 de enero de 1939 se efectuaron las pruebas del nuevo prototipo en Zaragoza ante la comisión presidida por el general Orgaz con resultado favorable, y diez días después ante el general Franco con idéntico resultado. Su creador fue destinado a Bilbao con el encargo de terminar el proyecto.
Al final la Guerra Civil, el comandante Verdeja, formó parte de la comisión militar que, encabezada por el general Aranda, viajó a Alemania en junio de 1939 visitando varias fábricas de blindados y las escuelas de artillería y carros de combate . Tras la visita Verdeja junto a su equipo de la Dirección General de Industria y Material de Guerra terminó, en agosto de 1940, el segundo prototipo, el cual fue probado en el campo de maniobras y tiro del polígono de Experiencias de Carabanchel. Presidió la comisión de expertos el coronel de infantería Manuel Tuero Castro, jefe del Regimiento de carros nº 1.

Las pruebas comparativas con un modelo soviético T-26B demostraron la superioridad del carro español. El carro Verdeja-2, tras los buenos resultados, de los que daba cuenta el acta final de la comisión, realizó otra prueba en noviembre de ese mismo año con idénticos buenos resultados . En esa fecha el modelo estaba, comparativamente, al nivel de los carros en servicio de las distintas potencias, pero apenas un año después ya era claramente inferior, escaso de blindaje y con un cañón inferior al resto, por ejemplo los Panzer III alemanes ya montaban un cañón de 50 mm y el soviético T-34 nacía con uno de 76 mm y un blindaje máximo de 70 mm.

Al año siguiente, mediante la ley de 23 de junio, se creó una Compañía Anónima de carácter mixto, donde intervenía el Estado y también inversores privados, que se dedicaría a la construcción de Carros de Combate y Tractores. El 11 de agosto de 1941 Verdeja fue designado como integrante de la Junta de esa empresa y se aprobó la construcción de 1.000 unidades asignando un presupuesto: “Aprobado y poner en marcha. Varela” . Se pensó que la fábrica de Trubia podría fabricar nueve carros al mes y que si la fábrica de Reinosa se ampliase, cosa que al final no se hizo, podría llegar a construir hasta 190 unidades al año, con lo que se hubiese necesitado más de cinco años para completar el número inicialmente estimado de 1.000 tanques. La capacidad de producción española era muy modesta, ya que por ejemplo en 1941 Alemania fabricó solamente del modelo Panzer-III 2.409 unidades y el total de carros producidos de todos los tipos fue de más de 4.000, a los que habría que añadir los vehículos blindados . Además, al carro Verdeja se plantearon dos problemas, el primero de ellos fue que no existían motores y que el prototipo había sido construido con lo poco que se podía contar, no con el material adecuado, por lo que nuevamente se pensaba en realizar la compra en el extranjero. 

El segundo de ellos, y que fue el causante del abandono del proyecto, fueron los informes remitidos desde Rusia por los voluntarios de la División Azul sobre los nuevos carros soviéticos. La puesta en servicio del T-34 y el KV-1 hizo que a finales de 1941 el carro Verdeja-2 estuviese desfasado, escaso de blindaje y con un cañón principal insuficiente. Finalmente se dejó en dique seco la construcción de un carro español y se optó por la única opción posible, la compra directa a Alemania de carros de combate.

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EL EJÉRCITO DE TIERRA EN LA ESPAÑA DE POSGUERRA (1939-1947) INSTRUMENTO Y PILAR EN LA CONSOLIDACIÓN DEL RÉGIMEN FRANQUISTA.

Fuente: Archivo particular de Luciano Martín González

El objetivo principal de esta tesis ha sido conocer con la mayor exactitud posible  cómo era el Ejército durante el primer franquismo, su composición, organización, despliegue, armamento y material,  así  como saber cuál fue el papel que desarrolló el Ejército en manos del régimen durante el periodo estudiado, ya que fruto de ese conocimiento se podrá entender mejor cómo esta institución desempeñó una labor clave en el afianzamiento del franquismo y así mejorar la comprensión de ese periodo.

Las Fuerzas Armadas fueron probablemente la institución más importante en el mantenimiento del franquismo durante casi cuarenta años, especialmente durante una larga posguerra que se extendió desde la finalización de la Guerra Civil, en abril de 1939, hasta la supresión del Estado de Guerra, en noviembre de 1947 razón por la que se ha elegido ese marco temporal para el estudio. Durante ese periodo, el Ejército de Tierra fue un instrumento del régimen al que sirvió como pilar fundamental en su consolidación.

Pese a la publicación en los últimos años de algunas obras de gran calidad sobre las Fuerzas Armadas durante el franquismo (PUELL DE LA VILLA, F. y ALDA MEJÍAS, S. (Eds.). Los Ejércitos del Franquismo (1939-1975). Madrid: Instituto Universitario Gutiérrez Mellado.) Seguía faltando un estudio y un análisis de cuál fue la función del Ejército durante el periodo comprendido entre 1939 y 1947, estudio que tuviese como base principal la documentación elaborada por los distintos organismos militares.

Esta es la principal novedad y aportación de este estudio. Ya que para su realización se han trabajado más de 20.000 documentos  internos del propio ejército español, siendo casi 2.000 de ellos inéditos hasta el momento, los cuales han sido la base fundamental de esta tesis. Todos y cada uno de ellos han sido estudiados, analizados y contrastados para rebatir o confirmar las principales hipótesis que hasta ahora la bibliografía ha presentado como las más verosímiles sobre el rol del Ejército y su situación material.

Espero que gracias a Este estudio se pueda conocer mejor al Ejército de tierra a través de su propia documentación sin tener que recurrir ya a informes de terceros países. Por lo que esta tesis viene a rellenar un espacio vacío muy importante en la historiografía española sobre la  realidad del Ejército de Tierra en la España de posguerra. Sin embargo, este trabajo de investigación no se ha planteado como una mera descripción de nombres, armamento o acciones militares, sino que los datos han sido analizados y puestos en relación con dos cuestiones primordiales.

Primero, cómo el Ejército desempeñó un rol clave en el fortalecimiento del franquismo, ya que por un lado defendiendo al régimen de los enemigos internos maquis o guerrilla y por otro fue un instrumento utilizado por el dictador para el ejercicio del poder.

En segundo lugar, realizando un análisis comparativo con otros Ejércitos de la época para comprender mejor cómo la situación de personal y material de las unidades condicionó la política exterior española durante la Segunda Guerra mundial.


FUENTES

Para la realización de este trabajo de investigación he utilizado fundamentalmente fuentes internas del Estado Mayor del Ejército y de las distintas Direcciones Generales y Secciones del ministerio del Ejército español, muchas de ellas inéditas hasta ahora. Esto representa una gran novedad en el conocimiento de la institución militar de la época, ya que con esta tesis se puede por fin ofrecer una visión desde dentro del propio Ejército de cuál era su situación material y de personal, así como los principales problemas que se presentaban en las regiones militares, desmontando de este modo la imagen que quiso trasmitir la propaganda de la época a través del Boletín Oficial del Estado, el NO-DO o publicaciones militares como la Revista Ejército, entre otros medios, de que España era una gran potencia militar que contaba con un poderoso Ejército que le hubiera permitido la consecución de un nuevo imperio.

Toda la documentación ha sido analizada para poder contrastar los informes y memorias elaborados por los distintos organismos dependientes del Ejército con los que hasta ahora ha manejado la historiografía sobre el tema. Pero la información de origen militar no puede ser aceptada sin más, ya que en su elaboración podrían haber influido muchos factores como el no elevar las críticas sobre la realidad, tal vez buscando el favor de los oficiales superiores en vistas un ascenso o una mejora en el destino. O tal vez fueron influenciados por los sobornos repartidos por el Foreing Office entre el generalato. Por eso toda la documentación consultada ha sido analizada y contrastada con detalle para poder afirmar la veracidad de la misma o refutar lo que en ella se indica.

Los archivos origen de esta documentación han sido fundamentalmente el Archivo General Militar de Ávila, el Instituto de Historia Militar de Madrid, el Fondo Varela del Archivo Municipal de Cádiz y la Fundación Nacional Francisco Franco.

Como fuentes bibliográficas para esta tesis han sido utilizadas las memorias publicadas por algunos de los generales más importantes de periodo, como por ejemplo las de Alfredo Kindelán.

 También se ha recurrido para la realización de este trabajo a la lectura de biografías de alguno de los principales actores del periodo estudiado, como por ejemplo la del general José E. Varela, (MARTINEZ RODA)


ESTRUCTURA DEL TRABAJO Y CONCLUSIONES PARCIALES

Este trabajo está estructurado en 6 capítulos

En el primero de ellos corresponde a los antecedentes y al Marco Histórico. En él se traza una breve evolución del Ejército desde el siglo XIX hasta el final de la guerra civil.

Y aunque no es objeto de este estudio el definir la naturaleza del régimen se ha estudiado el primer franquismo: sus fundamentos ideológicos, bases sociales y familias, las leyes fundamentales del régimen, la coyuntura internacional, el exilio, oposición y represión, así como la autarquía y el racionamiento.

En el segundo capítulo titulado “Un Ejército para después de una guerra” se estudia la organización del ministerio del Ejercito, los cuerpos armados y la organización territorial

Existe un debate historiográfico sobre las razones que motivaron la creación de tres ministerios militares en 1939 que aspiro a poder cerrar definitivamente.

He podido comprobar documentalmente que la opinión de crear tres ministerios fue la que expusieron los generales Kindelán, Dávila, Vigón y Varela en las discusiones que se sucedieron entre enero y agosto de 1939 sobre la idoneidad de crear uno, dos o tres ministerios. Además, en todo caso hay que señalar que hasta 1936 en España siempre existieron dos ministerios y no uno tendencia que comenzó a generalizarse en la década de los años 50.

La organización definitiva del Ministerio fue sometida a la aprobación del jefe del Estado, general Francisco Franco, en varias reuniones mantenidas entre el Generalísimo y el ministro Varela a lo largo del mes de agosto de 1939. Las cuales he constatado documentalmente.

Tras un intenso estudio y análisis de la documentación se puede afirmar que la decisión de la creación de tres ministerios tenía como objetivo la mejora de los trabajos “burocráticos”, que esta medida se tomó en 1939 y que en ella participaron generales como Dávila, Vigón, Varela y Kindelán.

También en este capítulo se estudia la organización territorial.

En todos los informes del Estado Mayor de posguerra a los que he tenido acceso se justificaba la nueva estructura regional por la necesidad de conjugar, de la mejor manera posible, las unidades existentes sobre el territorio con la facilidad de las comunicaciones y la disponibilidad de realizar un reclutamiento equilibrado.

Por lo que concluyo afirmando que su despliegue no fue motivado por querer ser un ejército de ocupación, sino que respondió a razones organizativas.

La única modificación de la organización territorial se produjo el 1 de marzo de 1944 cuando se creó la IXª región.

La razón que llevó al Ministerio a la creación de esta Región no parece que haya que buscarla en el deseo de una defensa más efectiva del Estrecho frente a una invasión anglo-americana, sino en una mejora de las comunicaciones, reclutamiento y otras facilidades apuntadas previamente por el EME en sus informes que están fechados en 1941, es decir más de un año antes del inicio de la operación Torch

El apartado final de este capítulo está dedicado a los Cuerpos Armados: Organización y despliegue: plantillas “naranjas” de septiembre de 1939, plantillas “azules” de abril de 1940, plantillas “verdes” de agosto de 1943, variaciones de 1945 y 1946 y las unidades de la serie 100

He podido documentar los numerosos cambios y la evolución del número de divisiones, aunque sería muy interesante en un futuro profundizar en el estudio de las unidades de la denominada como serie 100.

Gracias a esta tesis se puede saber sin género de dudas el número de división con la que fue contando el Ejército durante el periodo estudiado.

Así, en 1939 el Ejército contaba con 25 divisiones, a las que había que sumar dos de la serie 100, totalizando por lo tanto 27 divisiones. Tras la entrevista de Hendaya se planificó, en noviembre de 1940, movilizar hasta 50. Informe que he estudiado y analizado. En 1943, siendo ministro el general Asensio, se redujeron las divisiones a 22 aunque habría que sumar nueve de la serie 100, llegando a totalizar el Ejército 31 en 1945. Finalmente, esas nueve divisiones de la serie 100 fueron desmovilizadas durante el periodo 1945-1947 quedando reducidas finalmente a 22.



En el capítulo tercero he analizado la situación material del Ejército al que califico como un ejército en alpargatas.

En primer lugar he trabajado los informes sobre la situación del Ejército. Los primeros de ellos elaborados entre septiembre de 1939 y finales de 1940. Destacan, el primer informe de Martínez Campos: 8 de mayo de 1940, los informes elaborados por el OKW entre agosto de 1940 y octubre de 1940 y el segundo informe de Martínez Campos de diciembre de 1940. Todos ellos apuntan a las mismas deficiencias y carencias. Además, todos los informes coinciden en la conveniencia de que España permanezca neutral, ya que se carecía de medios blindados, artillería anti-tanque o anti-aérea, no sería posible una rápida movilización y que se carecía de las materias primas necesarias.

He comprobado documentalmente que esta opinión fue la predominante en el generalato y cuerpo de jefes y oficiales, y que es anterior al inicio de la operación de sobornos desarrollada por los británicos. Pienso que el informe presentado por Martínez Campos, en mayo de 1940, es un fiel reflejo objetivo de la situación del Ejército, exento de toda influencia externa o patriotismo. Así, los sobornos británicos no hicieron sino reafirmar una opinión favorable a la neutralidad que era dominante en el Ejército con lo que la influencia de los sobornos en la neutralidad española no fue tan determinante.

He dedicado un apartado del capítulo al estudio de la situación de personal y del material. Documentando la escasa capacidad de movilización y falta de mandos profesionales adecuados,

Además, el armamento de infantería era escaso y con multiplicidad de calibres. La Artillería de campaña, antiaérea y de costa suponía un verdadero Talón de Aquiles. Al punto que los informes internos del EME, que no de los posibles generales sobornados, afirmaban sin tapujos que: “Nuestro estado en esta cuestión es verdaderamente lamentable, pudiendo asegurarse que las unidades de Ejército en caso de una campaña seria estarían totalmente indefensas contra los ataques aéreos”
No se contaba con carros de combate modernos. Solamente se contaba con existencias de municiones y material de trasmisiones, de zapadores, vehículos, carburante, material ferroviario y de intendencia para un periodo máximo de tres o seis meses, dependiendo del capítulo.

También he documentado los problemas de acuartelamiento, alimentación y vestuario de las tropas, la falta de capacidad de la industria militar. Aspectos que merecerían un futuro estudio en mayos profundidad.

Y finalmente he estudiado las compras de armamento y los acuerdos con Alemania: Plan Bär, plan Eltze y plan Ankara. Aunque este apartado ya ha sido estudiado con gran detenimiento por Lucas Molina.

La conclusión general del apartado ese que el Ejército español de posguerra era un ejército falto de personal profesional, carente de armamento moderno y escaso de suministros y del material adecuado. esa fue la conclusión a la que llegó, ya en mayo de 1940 el jefe del EME, el general de artillería don Carlos Martínez de Campos, el cual elevó varios informes al ministro Varela, mostrando esa valoración tan demoledora como concluyente, presentando la verdadera situación del Ejército español en ese momento. Esta opinión es la que considero como la más verosímil pues he comprobado documentalmente que sigue la misma línea de los varios centenares de informes inéditos que he podido consultar; además, al ser la documentación de diverso origen (EME, Subsecretarías, Direcciones Generales, Capitanías generales y hasta de los Estados Mayores de las distintas unidades) lo que hace muy difícil pensar que toda ella esté sesgada de alguna manera para maquillar la situación de las unidades, bien por intereses personales o por los conocidos sobornos británicos.


En el capítulo cuarto, bajo el título de “El Ejército, pilar del régimen” he analizado las operaciones militares en defensa del nuevo Estado.

En la España de posguerra el orden público quedó en manos militares, cuya primera línea fue la formada por la Guardia Civil y la Policía Armada. Por lo que en España no se puso la defensa interior del régimen en manos de las milicias u organizaciones del partido como fue el caso de Italia o Alemania.

Cuando el problema excedía a las capacidades de la Guardia Civil  se formaron columnas de operaciones especiales. Así he estudiado la Columna de Operaciones de Asturias (1939-1940), trabajo que presenté en 2013 en el Tercer Coloquio Internacional de Historia Bélica CIHBE de la Universidad de Cantabria. También las operaciones de la División destacada de Caballería en los Montes de Toledo (1940-1942), que presenté en diciembre pasado en el Seminario Internacional sobre La violencia y sus relatos (1936-1948) en la Universidad Autónoma de Barcelona. Así como la más conocida Invasión del Valle de Arán (1944).


Finalmente en el capítulo quinto analizo al Ejército como un instrumento del régimen. He estudiado el Plan de movilización de noviembre 1940, aunque convendría hacer un estudio mucho más minucioso del mismo a fin de establecer que posibilidades reales tenía España de poder cumplir tal plan.

También he estudiado la planificación de defensa del territorio nacional en Baleares, estudio que publique en 2014 en la RUHM, así como en los posibles teatros de operaciones de  Gibraltar y el Estrecho, Canarias y el Protectorado de Marruecos. Aportando nuevos datos sobre la unidades allí desplegadas o la situación material de las mismas.

He podido comprobar como en todos estos planes, que al final solamente quedaron en el papel, se percibe el miedo a una invasión ante la incapacidad de afrontar una defensa efectiva de España o una incapacidad propia para realizar operaciones ofensivas, salvo ayudas de calado por parte de Alemania.


Conclusión:

La conclusión final a la que se puede llegar tras el análisis de gran parte de la documentación interna del Ejército de Tierra, del Ministerio, del EME y de los archivos personales de los ministros, es que el Ejército español de posguerra estaba escasamente dotado de armamento, tenía falta de personal cualificado, oficiales, suboficiales y miembros del CASE, y presentaba graves deficiencias en su motorización, faltando motocicletas, coches y camiones. Además, carecía de los suministros necesarios para participar en una guerra, destacando sobre todo la incapacidad del abastecimiento de combustible. También la propia debilidad industrial del país y la autarquía económica impidieron dar solución a todos esos problemas, los cuales fueron empeorando con el paso de los años, pese a algunas compras de material y suministros en Alemania y otros países. Elementos que podemos ahora medir y cuantificar exactamente con los datos que presentamos en este trabajo.

Así pues, la principal labor de la institución militar y en concreto del Ejército de Tierra fue la defensa del régimen del enemigo interior, huidos, guerrilleros y maquis, labor que desarrolló con eficacia en colaboración con la Guardia Civil y la Policía Armada en tres operaciones en Asturias, los Montes de Toledo y el Valle de Arán. Sin embargo, su debilidad condicionó la participación española en la Segunda Guerra mundial, algo que hubiese satisfecho a muchas de las autoridades políticas de la época, principalmente a los falangistas, deseosas de la construcción de un nuevo Imperio, y pese a que se trazaron diversos planes de operaciones que contemplaban ataques a Gibraltar o el Protectorado francés de Marruecos estos nunca pasaron del papel debido a la debilidad de las unidades, elemento perfectamente conocido por la máximas autoridades civiles y militares, incluido el jefe del Estado, gracias a las decenas de informes reservados y secretos que fueron elaborados por el Estado Mayor del Ejército durante esos años, los cuales han sido la base de esta tesis.


Así, fue gracias a la fidelidad y lealtad del Ejército en los difíciles años de la posguerra, mediante las operaciones militares de limpieza de los montes de Toledo, Asturias y Pirineos, el suministro de los cuadros directivos al naciente régimen, ministros, directores de empresas públicas y cargos intermedios de la administración, y la organización y diseño de planes de Defensa Nacional ante un ataque de alguna de las potencias inmersas en la Segunda Guerra mundial, que el régimen franquista pudo consolidarse durante los difíciles años de la posguerra y mantenerse durante casi cuarenta años. El Ejército de Tierra español, estuvo mal dotado de armamento, escaso de suministros de todo tipo y falto de personal, una situación acorde con la España de posguerra donde la miseria, el hambre y la escasez eran habituales. Aun así, cumplió con su papel clave de defensor del orden público sirviendo como instrumento y pilar en la consolidación del régimen franquista durante la posguerra, periodo que se extendería hasta la supresión del Estado de guerra en noviembre de 1947.