Chiang, Stalin y la reacción china ante la operación Barbarroja



Imagen
Cómo bueno occidental me he quedado absolutamente sorprendido de esta imagen. A la izquierda se puede ver al general Chiang Kai Shek, a su lado el presidente de los Estados Unidos Roosevelt y, mi buen apreciado y querido amigo, el primer ministro británico Sir Winston Churchill.

Y por qué digo que me quedo sorprendido, pues porque como buen occidental siempre había pensado que las reuniones eran entre Stalin, Roosevelt y Churchill y es la primera vez que veo una imagen donde el general Chiang aparece junto a sus homólogos occidentales.

No es curioso ni una sorpresa que tradicionalmente en la historiografía occidental al general Chiang haya sido minusvalorado por ser el hombre que perdió el gran imperio chino a manos de su rival Mao.

Sin embargo últimamente hay cada vez más estudios que tratan de rescatar la figura del general Chiang y de alguna manera también explicar porque un país como China fue considerado una de las cinco grandes potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial.

En este breve artículo y siguiendo a Peter Harmsen voy a intentar explicar algo bastante insólito para el mundo occidental que fueron las apreciaciones del general Chiang al respecto de la invasión alemana de la Unión Soviética en 1941 es decir la operación Barbarroja.
Según un norteamericano, Owen Lattimore (Escritor, profesor universitario y asesor de Chiang a petición del presidente Roosevelt): "En ocasiones la "clarividencia" de Chiang era muy superior a la de sus homólogos Roosevelt o Churchill" Por otra parte su "clarividencia" en asuntos militares puede ser entendida gracias a su formación militar. Chiang estudió en Japón entre 1907 y 1909 en la prestigiosa Academia Militar imperial (陸軍士官学校? Rikugun Shikan Gakkō) y sirvió en el Ejército japones entre 1909 y 1911, fecha en que regresó a China.

En la imagen el joven Chiang en 1907:
Imagen

En el artículo que sigo para este hilo el profesor Harmsen presenta como Chiang advirtió con unos días de antelación la invasión alemana de la URSS. Lo que a la larga supondría un beneficio para China en su guerra contra Japón.

Los Gobiernos alemán y chino mantuvieron buenas relaciones diplomáticas y un acuerdo de cooperación militar entre 1926 y 1941. El acuerdo no se rompió ni con la llegada de Hitler al poder, el inicio de la segunda guerra Chino-japonesa, ni con la invasión de Polonia.

Según Harmsen China tenía información precisa y anticipada sobre los planes alemanes de invasión de la Unión Soviética. En la primavera de 1941, el general Zhang Chong, jefe de inteligencia china, advirtió a Vasilii Chuikov, asesor soviético del Ejército chino, que se esperaba un ataque alemán contra la URSS en junio de ese año, o en julio a más tardar. A medida que se acercaba la fecha de la ofensiva alemana, Chiang se mostraba cada vez más seguro de dicha apreciación. Así, cuando se le informó de la conclusión del Tratado de No Agresión germano-turco del 18 de junio de 1941, interpretó correctamente lo que estaba haciendo Alemania. "Pasarán unos días antes de que Alemania ataque la Unión Soviética", escribió en su diario al día siguiente.
Imagen
En la imagen un carro de comabte japonés modelo 95 Ha-GO capturado por los soviéticos tras los combates de Nomonhan en 1939.

Cuando finalmente los alemanes desencadenaron Barbarroja, la reacción inmediata de Chiang fue de una renovada esperanza para el futuro. El 24 de junio de 1941 escribió en su diario "Japón ya no puede concentrarse en derrotar a China, ni tampoco puede suponer que al vencer a China alcanzará su objetivo de dominar el este de Asia". Posteriormente añadió: "Las fuerzas combinadas de Estados Unidos, Gran Bretaña Y la Unión Soviética ahora contienen a Japón [...] Esto significa que China ya está a medio camino de conjurar su principal peligro como nación'.

Las distintas fuentes primarias estudiadas por Harmsen sugieren que Chiang no consideró seriamente que se produciría un ataque japonés contra la Unión Soviética. Según explica Lattimore en sus escritos (uno de sus asesores estadounidenses), el líder chino:
 
[...] estaba convencido, incluso en la primera semana de la invasión nazi de la Unión Soviética, de que como los soviéticos finalmente derrotarían a los alemanes, los japoneses no cumplirían el eje Berlín-Tokio y no atacarían Siberia desde el este para ayudar Los alemanes en el oeste.
 
Chiang tenía razón. Sólo una minoría de las altas esferas militares en Japón apoyaron la idea de ayudar al aliado alemán atacando a la Unión Soviética desde el este. Estos eran algunos de los generales de más alto rango, sin embargo, tras la dolorosa derrota que les infligió un todavía desconocido Zhukoz en las planicies mongolas de Nomonhan en 1939, el Alto Estado Mayor Imperial había desechado casi por completo cualquier operación militar contra la URSS. Dolió no solamente la derrota contra los soviéticos, sino también que es ese periodo los alemanes legos de ayudar a sus teóricos aliados japoneses firmasen el pacto germano-soviético de agosto de 1939. Chiang tenía una ventaja como pocos de los otros líderes aliados tenían en la Segunda Guerra Mundial. Ya que entendía a la perfección a sus principales adversarios, no solamente por hablar perfectamente japonés como por haber estudiado en las academias militares japoneses y haber sido oficial del ejército imperial durante dos años.
Cuando se produjo la derrota de Nomonhan se impuso en el Alto Estado mayor imperial las tesis de la marina. Viendo un mapa del sudeste asiático se entiende la necesidad de guerra con los USA. Filipinas podría cortar las comunicaciones de la flota imperial tanto en el mar de China como en el Pacífico.
Imagen
Aunque las fuentes sugieren que Chiang consideraba improbable un ataque japonés a la Unión Soviética, no dicen lo que pensaba de la probabilidad de un ataque soviético contra Japón, pero debería haber sabido que probablemente no iba a suceder. Después de todo, los distintos intentos previos de arrastrar a la Unión Soviética a la guerra habían fracasado, incluso en circunstancias que eran mucho más ventajosas para el lado soviético.

Durante el otoño y el invierno de 1937, China había intentado repetidamente llevar a la Unión Soviética a la guerra contra Japón, pero esto había sido rechazad una y otra vez por los soviéticos. Stalin había argumentado que la intervención sería contraproducente al prever que ella aglutinaría a la sociedad japonesa detrás del esfuerzo bélico y pondría a los ojos de la comunidad internacional a la URSS como agresores. De hecho, en 1937 la Unión Soviética se alegró que Japón se involucrase en una dudosa guerra contra China al c entender que ello debilitaba el peligro que Japón planteaba a su frontera oriental.

Aunque Chiang debió considerar improbable una guerra soviético-japonesa en 1941, emprendió acciones que los historiadores posteriores interpretaron como destinadas a atraer a Stalin a la misma.

Su gobierno, ubicado en la capital de Chongqing, en el interior de China, decidió el 2 de julio cortar los lazos con Alemania e Italia. Esto ha sido interpretado por los historiadores como un intento de reajustar rápidamente los vínculos con la Unión Soviética, más que una represalia por la decisión de Berlín y Roma de establecer relaciones formales con el régimen rival pro japonese de Nanjing, liderado por el general Wang Jingwei .

Zoom in (real dimensions: 511 x 627)Imagen

La importancia de este movimiento diplomático probablemente ha sido algo exagerado en la bibliografía hasta ahora. Finlandia y Dinamarca son los únicos dos otros casos en 1941 de países que abrieron vínculos formales con el régimen de Nanjing a pesar de los lazos existentes con el gobierno de Chongqing. En ambos casos nórdicos, Chiang reaccionó cortando lazos diplomáticos. 
Imagen
Soldados chinos combatiendo en Shangai

Además, las implicaciones reales de cortar los lazos con los aliados europeos de Japón eran limitadas. En la década de 1930, Alemania había sido la principal fuente de armas extranjeras de China, y los asesores alemanes habían participado profundamente en los intentos de modernizar el ejército chino. Como Alemania había cambiado paulatinamente sus simpatías a favor del Japón, la utilidad de mantener vínculos formales con Berlín había disminuido radicalmente, y en el verano de 1941, no quedaba ninguna ventaja en la asociación en lo que respecta a China.
 
Al mismo tiempo, el reconocimiento alemán del régimen rival en Nanjing era un desafío existencial directo a Chiang. El gobierno respaldado por los japoneses en Nanjing fue establecido como el gobierno legítimo de toda China, y sus líderes se describieron a sí mismos como los legítimos herederos de la revolución nacionalista que había inaugurado una república moderna. Era imposible que el régimen de Chiang permitiera a Alemania mantener vínculos con ambas chinas. Romper las relaciones diplomáticas tenía poco que ver con hacer feliz a la Unión Soviética, y todo con el mantenimiento de la legitimidad.

Después de los inútiles llamamientos a la participación soviética en la guerra contra Japón en 1941, la cuestión se puso en segundo plano hasta el otoño de 1943, cuando parecía más segura la victoria soviética sobre Alemania. Aparentemente los llamamientos a la Unión Soviética parecían ser un fracaso diplomático. Sin embargo, si se puede especular un poco, Chiang puede no haber estado apuntando sólo para una ganancia a corto plazo, sino también para un compromiso soviético a más largo plazo.

Así que la pregunta es: si apelar a Stalin no funcionó a corto plazo, ¿funcionó a largo plazo? Mientras que la lucha en Shanghai en 1937 pudo haber sido eficaz con partes del establishment político en los Estados Unidos, la presión que Chiang ejerció sobre la Unión Soviética para entrar en la guerra contra Japón no hizo ninguna mella visible en los soviéticos. Cuando la Unión Soviética atacó finalmente en agosto de 1945, el Kremlin estaba motivado por un interés propio, no por el efecto acumulado de la retórica de Chiang en los años anteriores.
Imagen

También nos podemos preguntar si era una política acertada seguir bombardeando a Stalin con peticiones de intervención en la guerra. Algunos historiadores chinos tienden a pensar que los continuos llamamientos de Chiang a la Unión Soviética para ir a la guerra con Japón mostraron poca apreciación de la desesperada lucha soviética con su enemigo alemán y que causó el deterioro de los lazos entre Chongqing y Moscú.
 
Sin embargo, para completar el cuadro, el fracaso también debe medirse comparado con el coste humano y material producido. Además, específicamente en este caso, el costo pagado por Chiang en el verano de 1941 era limitado. Sus gastos fueron en forma de apoyo retórico, una buena cantidad de información errónea y una medida concreta: el fin de los lazos diplomáticos formales con Alemania. Parece que la táctica de Chiang era sacar el máximo provecho de la nueva situación, a un costo mínimo.
 
¿Cómo salió Chiang de esta situación? Vemos que el líder que tenía una idea clara de hacia dónde se dirigía la situación estratégica, más clara que la mayoría de sus compatriotas o aliados en otros países. Desde el momento en que Barbarroja se desató, comprendió que el resultado sería la derrota alemana, y también predijo correctamente que Japón seguiría siendo pasivo en lugar de lanzar un asalto a través de las fronteras orientales de la Unión Soviética.
 
Si tenía un defecto, era un fracaso al ver los costos colaterales de una diplomacia demasiado insistente. Al instar repetidamente a los rusos a que intervinieran contra Japón, incluso en un momento en que estaban luchando por sus vidas, se encontró con que era percibido como egoísta e insensible. Es un cuadro mixto. Tal vez debería ser descrito como un líder con alto coeficiente de inteligencia, pero de con poca empatía.

Fuente:
https://www.swwresearch.com/single-post ... Barbarossa

El autor del texto aquí traducido y parcialmente ampliado es:
Peter Harmsen is the author of New York Times bestseller Shanghai 1937: Stalingrad on the Yangtze and Nanjing 1937: Battle for a Doomed City. He studied history at National Taiwan University and has been a foreign correspondent in East Asia for two decades. He has focused mainly on the Chinese-speaking countries but has reported from nearly every corner of the region, including Mongolia and North Korea. His first book, Shanghai 1937, has been translated into Chinese and Romanian.