7.2. La Restauración Borbónica (1874-1902): Los nacionalismos catalán y vasco y el regionalismo gallego. El movimiento obrero y campesino.

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Regionalismo y nacionalismo

En las regiones de la periferia con una lengua diferente de la castellana surgieron durante el periodo de la Restauración movimientos político-culturales regionalistas, Cataluña, Valencia o Galicia, o nacionalistas como en la Vascongadas.

En principio nacieron como un fenómeno cultural a imagen y semejanza de Il Risorgimento italiano, del cual incluso copiaron el nombre, La Renaixença en Cataluña y O Rexurdimento en Galicia. Encontraron un apoyo social en la burguesía y los grupos más conservadores y católicos, de los cuales obtuvieron los recursos económicos necesarios para comenzar su funcionamiento. Sobre todo en Cataluña el componente económico y la necesidad de protección y defensa de la industria textil fue muy importante.

El movimiento de mayor envergadura se desarrolló en Cataluña. Encontró un ideólogo en Valentía Almirall, fundador del primer diario en catalán y del Centre Català. El catalanismo ha sido en ocasiones resumido en dos palabras: arancel y poesía, aludiendo a sus raíces económicas y culturales. La burguesía catalana deseaba una subida de los aranceles para proteger su industria de la competencia de otras naciones, que producían manufacturas de mayor calidad y menor precio, como Inglaterra o Alemania. Además, defendían el culto de la lengua catalana y ciertas tradiciones y costumbres ancestrales, en un mundo que estaba en constante transformación. Las aspiraciones políticas de Cataluña se expresaron en el Memorial de Agravios de 1885, que sería entregado al rey el mismo año de su muerte, recordando la vieja tradición de las cortes medievales. En 1892 se redactaron Las Bases de Manresa que exponía un proyecto semi-independiente centrado en la recuperación de unas Cortes propias elegidas mediante un sufragio de los cabezas de familia, la oficialidad en exclusiva de la lengua catalana, que sólo los catalanes puedan desempeñar cargos públicos incluyendo los gubernativos y los judiciales, acuñar su propia moneda, dictar sus propias leyes, etc. Es decir, una vuelta a la época medieval. Estas bases fueron redactadas en la asamblea de Unió Catalanista, fundada por Prat de la Riba.

El galleguismo ofreció principalmente una vertiente cultural en una etapa en la que, impulsado por el Romanticismo, se sucedieron grandes escritores como Rosalía de Castro o Pondal. Sin embargo, en la figura de Alfredo Brañas y en su obra El Regionalismo, aparecía ya la ambición política, al reclamar la descentralización del Estado y el reconocimiento a Galicia de determinadas competencias. En los años noventa surgieron ligas galleguistas en Santiago y La Coruña, pero quedaron reducidas a grupos de eruditos y tuvieron escasa influencia en la política.

Caso aparte es el nacionalismo vasco, de base más radical y que tenía su principal punto en un concepto racista y xenófobo de la sociedad, una raza superior: la vasca y otra inferior la maketa, término despectivo para designar a los emigrantes no vascos. Su fundador fue Sabino Arana, ex carlista y profundamente católico, que decidió enarbolar la bandera de la defensa de los fueros vascos, perdidos tras la derrota de la sublevación carlista en 1876. A través de la revista Bizkaitarra expuso una ideología que impulsaba el odio a España (números 16 y 31), el uso de la violencia para expulsar a los maketos (número 21), incluso prefería la destrucción de Vizcaya antes de ver contaminada la cultura vasca de ideas maketas. Proponía la total independencia de las vascongadas.

La oposición al sistema

En el último cuarto de siglo XIX, la principal oposición a la monarquía estaba representada por los grupos republicanos. Éstos seguían defendiendo su ideología a través de periódicos de cierta difusión:

  • Superioridad de la república sobre la monarquía: Consideraban el régimen republicano más acorde con la democracia. Frente a los partidos monárquicos, de cuadros, los republicanos formaron el primer partido político moderno de masas.
  • Separación de la Iglesia y el Estado: Opuestos al modelo confesional postulaban un Estado laico, elaborando un programa claramente anticlerical.
  • Sufragio Universal: Seguían defendiendo esta forma de elección, aunque no el voto femenino.
  • Preocupación por los problemas de las clases populares: Destacaba la abolición del impuesto de consumos y sobre todo el odiado sistema de quintas con la redención en metálico. Defendía un servicio militar obligatorio y universal.

El republicanismo se escindió en cuatro grupos: federales (Pi i Margall), progresistas (Ruiz Zorrilla), centralistas (Salmerón) y posibilistas (Castelar) Éste último terminó por aceptar la monarquía colaborando con Sagasta. Los tres restantes se coaligaron y en las elecciones de 1893 triunfaron en Barcelona, Valencia, Oviedo y Málaga, pero lo que más alarmó a los poderes monárquicos fue el triunfo en Madrid.

También apareció en Madrid un partido obrero en 1879 el PSOE, que tenía como cabeza de lista a Pablo Iglesias, aunque no consiguió su primer escaño hasta 1910. En 1886 se inició la publicación de un semanario, El socialista. En 1888 se fundaba la UGT que se extendió sobre todo en Madrid, Asturias y el País Vasco.

El anarquismo se extendió por el campo español entre los braceros de Andalucía en espera del gran día de la revolución. Algunos alzamientos como el de Jerez en 1892 fueron sonados. Los anarquistas creían que mediante la propaganda por el hecho podrían cambiar la sociedad. Asía atentaron contra el Liceo de Barcelona (1893), asesinaron a Cánovas (1897), contra la procesión del Corpus o contra el mismo rey. La influencia del anarquismo fue dominante en Cataluña, Levante y Andalucía.