14.5 La Guerra Civil: la sublevación militar y el estallido de la guerra. El desarrollo del conflicto: etapas y evolución de las dos zonas.


1.- La sublevación militar

El pronunciamiento militar comenzó en la guarnición de Melilla la tarde del 17 de julio, sin embargo la mayor parte de los sublevados lo hicieron durante el día 18. El general Mola no lo haría hasta el 19 por la mañana y las últimas guarniciones lo harían el día 20 e incluso el 22.

La idea inicial de los sublevados era llevar a cabo un pronunciamiento según la tradición del siglo XIX. Durante ese siglo los distintos partidos políticos recurrían a los militares para que fuesen ellos los que propiciasen el cambio del Gobierno, alternando de esa manera moderados y progresistas y significándose los generales Narváez, O´Donnell, Serrano o Prim entre otros. Más o menos el procedimiento solía ser el mismo. Los políticos incapaces de cambiar el Gobierno por medios democráticos recurrían a los militares para que fuesen ellos los que una vez declarado el Estado de guerra y suspendidas las garantías constitucionales dieran paso a un nuevo Ejecutivo del partido que había propiciado la sublevación. Una vez en el poder se procedería a reformar la Constitución, las leyes electorales y especialmente las habituales de reunión, asociación o prensa.

Esta era la idea que los conspiradores tenían en mente cuando comenzaron a sublevarse contra el Gobierno de Santiago Casares-Quiroga, ex miembro de la ORGA y en ese momento en las filas del partido Izquierda Republicana del presidente de la República Manuel Azaña.En la posterior España franquista el 18 de julio sería considerado la fecha “oficial” en que daba inicio el “Alzamiento Nacional”.

2.- Los preparativos

Desde el triunfo en las elecciones de febrero del Frente Popular los distintos partidos de derechas y fuerzas más conservadoras ya habían comenzado el acercamiento a los militares para que diesen un golpe de Estado. En un primer momento se eligió para encabezarlo al general Sanjurjo. Él había protagonizado otro intento en 1932 y en ese momento se encontraba exiliado en Lisboa. La razón de ello es que el nuevo Gobierno había derogado la amnistía que se había concedido durante el Bienio Radical-Cedista a los conspiradores. Sin embargo esto representaba un problema, ya que su exilio le impedía organizar personalmente los preparativos del golpe. Se necesitaba a alguien en el interior que lo organizase y el elegido fue el general Emilio Mola, en ese momento destinado en Pamplona y al que conocería por el nombre en clave de “El Director”. Mola será el principal conspirador y organizador del golpe, el cual fue preparado a través de reuniones y mensajes “secretos” lo cual no impidió que tanto el Gobierno como la opinión pública hablase de “ruido de sables” en los cuartos de banderas de los cuarteles españoles.

El general Franco, que posteriormente fue la figura principal de la guerra, no se decidió a participar hasta fechas muy próximas al golpe. Franco se encontraba destinado en la comandancia de Canarias. Un destino que el Gobierno consideraba lo bastante lejano para el militar que había dirigido la represión en Asturias en 1934 como jefe de Estado Mayor del entonces ministro de la Guerra, José María Gil Robles. Parece ser también que muchos de los comandantes militares que luego se sublevaron preguntaban a sus interlocutores por la posición que iba a tomar Franco. No hay que olvidar que en ese momento en España y dentro del ámbito militar Franco era el general de mayor prestigio, entre otras cosas por ser cofundador de La Legión o por haber sido Director de la Academia Militar de Zaragoza antes de que M. Azaña la cerrase.

En previsión de que definitivamente Franco se sumase al golpe un corresponsal del ABC en Londres contrató los servicios del Dragon Rapid (Aeronave que debería trasladarle desde Canarias hasta el protectorado español de Marruecos sin tener que hacer escala en la zona de control francesa) Hay que recordar que en ese mismo momento en Francia gobernaba León Blum después del triunfo electoral del Frente Popular, con lo cual se corría el riesgo de que Franco fuese detenido en caso de hacer escala.

3.- El desencadenante

Dos asesinatos serán los verdaderos desencadenantes del golpe. El 12 de julio un grupo de pistoleros falangistas asesinaban al teniente Castillo de la Guardia de Asalto Republicana cuando este se dirigía desde su domicilio a la comisaría de Antón Martín. Posteriormente tanto guardias como algún miembro del PSOE, partido al que Castillo estaba afiliado, fueron al domicilio del líder del Bloque Nacional José Calvo Sotelo al que asesinaron. Este asesinato hizo que aquellos que estaban indecisos para sumarse al golpe definitivamente se uniesen. El que la misma Guardia de Asalto se pudiese presentar en el domicilio de un diputado, arrestarle y luego asesinarle les hizo temer que los siguientes pudiesen ser ellos.

3.- El 17 a las 17

Esa fue la fecha elegida por Mola para que diese comienzo la sublevación en la guarnición de Melilla y efectivamente así fue. Los diarios de la tarde ya informaban de la sublevación, sin embargo el jefe de Gobierno no sólo no hacia nada, si no que declaraba a los periodistas que se marchaba a dormir. A la mañana siguiente se encontraba con una sublevación que se extendía lo que le llevó a presentar su dimisión.

En general se puede trazar una seria de similitudes entre las guarniciones sublevadas.

En primer lugar tendríamos aquellas donde el triunfo fue rápido y casi sin oposición. La sublevación triunfaba tanto en la capital como en la provincia y las autoridades republicanas eran detenidas. Serían los casos de Mola en Navarra, él cual dispuso además de la ayuda de voluntarios tanto requetés como falangistas o de las guarniciones de Burgos, León o Valladolid. En general se trataría del tercio norte peninsular a excepción de la cornisa Cantábrica.

El segundo modelo sería aquel en que la guarnición conseguía asegurar la capital pero se encontraba con que la provincia se inclinaba de lado republicano. Casos significativos serían los de las capitales andaluzas como Sevilla, Córdoba, Granada, pero especialmente de las guarniciones de Toledo u Oviedo que debieron resistir hasta la llegada de refuerzos, cosa que no sucedería hasta los meses de septiembre y octubre.

El tercer grupo serían aquellas capitales en las que fracasó el golpe. En Madrid Fanjul se refugiaba en el Cuartel de la Montaña que posteriormente fue asaltado. En Barcelona el general Goded se encontraba con una capital totalmente en manos republicanas. Lo mismo pasaba en Málaga, Bilbao o Valencia. Y es que el nuevo Gobierno de José Giral había autorizado el reparto de armas entre las milicias de los partidos con lo cual entre estas y las tropas y fuerzas de seguridad que permanecían fieles al Gobierno hacían fracasar el golpe.

4.- Desarrollo de la guerra

1.- La guerra de columnas (julio-noviembre 1936)
Esta etapa recibe este nombre, ya que se utiliza la misma táctica que se empleaba en el Protectorado.Una columna de marcha de unos 2000 a 3000 hombres, con apenas artillería, varias secciones de ametralladoras, con los escasos camiones de los que disponía el ejército en esa época o los que hubieses sido requisados, sin cobertura de la aviación y lógicamente sin tanques. Por lo tanto era una guerra basada en la infantería. Las columnas transitaban por las carreteras hasta encontrar oposición enemiga, momento en que se desplegaban a ambos lados de la carretera. La táctica tampoco puede calificarse de innovadora. O bien se recurría a un asalto frontal o como mucho a que uno de los regimientos fije al adversario mientras el otro realiza un ataque de flanco.

En la zona Norte las columnas de Mola consiguieron asegurar el frente en la zona centro, Somosierra, Navacerrada, Alto de los Leones. Además se conseguía ocupar San Sebastián e Irún, maniobra que será determinante en la posterior caída de la zona Norte al no poder disponer de comunicación terrestre para recibir ayudas. Desde Cataluña y con dirección a Zaragoza o Huesca salían las principales columnas republicanas. No se consiguió ocupar ninguna de las capitales pero si que se recuperaban grandes zonas de Aragón.

En la zona Centro cabría destacar las columnas republicanas que saliendo de Madrid fijaban un frente discontinuo en la zona Norte de la región así como la zona de Sigüenza en Guadalajara. La llamada columna Miaja que desde la zona de Levante y Albacete actuaría en la zona del Guadalquivir. En agosto los “voluntarios” italianos del CTV enviados por Mussolini consiguen ocupar Málaga.

Sin embargo no cabe duda que el escenario principal se desarrollo en la zona del Estrecho y Extremadura. El grueso de las tropas sublevadas se encontraban en Marruecos y el paso del estrecho de Gibraltar no parecía posible. Como resultado de las gestiones realizadas por enviados de Franco, apenas unos días después del alzamiento Italia y Alemania enviaban aviones de transporte. Con ellos se iba a producir el primer transporte de tropas de la historia. Se enviaron refuerzos, regulares y legionarios a Sevilla, Cádiz o Huelva. Sin embargo aunque importante este transporte no fue determinante. Al final el paso se tuvo que realizar del modo tradicional, esto es en barco. Aunque parezca extraño la Armada republicana no hizo acto de presencia, salvo un destructor. La razón es sencilla, gran parte de la flota quedo en manos republicanas, pero los oficiales en su inmensa mayoría habían sido detenidos, formándose una especie de asamblea de marineros que regían ellos mismos los destinos del buque. Por lo tanto la coordinación resultaba imposible y además casi nadie hacía caso de las órdenes que salían del ministerio correspondiente en Madrid.

Solventado el problema del paso del Estrecho y disponiendo Franco de una masa de maniobra suficiente se planteaba cual era el mejor camino para alcanzar el considerado objetivo prioritario de la guerra, Madrid. Franco puede ser considerado un general de academia o mejor de manual. Durante la guerra apenas cometerá errores de importancia pero tampoco encontraremos maniobras militares innovadoras o adelantadas a su tiempo. El avance por el valle del Guadalquivir forzando el paso por Despeñaperros se planteaba más rápido, sin embargo el principal peligro era el mantener dos flancos descubiertos a posibles ataques enemigos. Es por ello que se optó por el avance sobre Extremadura. Esta línea de avance planteaba varias ventajas. Por un lado era un paso más fácil que Despeñaperros, ya que se usaba la antigua vía de la plata, además el flanco izquierdo se apoyaba sobre la frontera de Portugal, país que se mostró favorable al bando nacional. Finalmente, si la maniobra tenía éxito se comunicaban las dos zonas en poder de los nacionales y además el posterior avance sobre Madrid se vería también libre de peligros en el flanco izquierdo, ya que descansaría en la sierra de Gredos también en poder de los nacionales.

Por lo tanto se eligió esta línea de avance ocupando Mérida, Badajoz, donde la represión fue durísima, y posteriormente llegados a la provincia de Cáceres se giraba la línea de ataque Norte-Sur a otra de Oeste a Este. En su avance desde Trujillo sobre la capital durante los meses de agosto y septiembre cabe destacar la toma de Talavera de la Reina y se producía el rescate del Alcazar de Toledo, donde desde el inicio de la sublevación resistía la guarnición al mando del entonces coronel Moscardó. A finales del mes de octubre se producía la batalla de Seseña y en noviembre las tropas del general Varela llegaban a las inmediaciones de la capital.

En estos momentos Franco ya había sido designado como “generalísimo”, comandante en jefe del Ejército, jefe de Gobierno y jefe del Estado. Eso si de forma provisional y sólo hasta que acabase la guerra. El nombramiento se produjo en una reunión de los principales generales sublevados el 1º de octubre en un aeródromo a las afueras de Salamanca, en una finca de la familia Tabernero. Por parte republicana el nuevo jefe de Gobierno era el líder de la UGT Francisco Largo Caballero que había formado en septiembre un Gobierno de concentración nacional entre todas las fuerzas políticas republicanas incluyendo a varios ministros anarquistas.

2.- La lucha en torno a Madrid (noviembre 1936-marzo1937)

Lógicamente el primer intento sobre la capital consistió en un ataque frontal. Las columnas de Varela deberían avanzar sobre la capital desde la carretera de Toledo realizando un tanteo en toda la línea y teniendo como primer objetivo Campamento y la Casa de Campo. Se pretendía entrar en Madrid desde toda la zona Oeste, entre las carreteras de Toledo, Extremadura y de La Coruña. Sin embargo este primer asalto resultó un fracaso y el frente quedó más o menos estabilizado desde Basurero en el Sur hasta la ciudad universitaria, siguiendo aproximadamente la línea del río Manzanares. Las tropas nacionales si que consiguieron rebasar el Manzanares en la zona del Hipódromo e inmediaciones del puente de los franceses, sin embargo la situación era muy delicada, ya que esa cabeza de puente estaba unida tan sólo mediante el llamado puente de la muerte o del generalísimo.

Se planteó un ataque de flanco para mejorar esa situación. Será la conocida como batalla de la carretera de La Coruña donde las tropas nacionales ocuparán la zona entre Las Rozas y Pozuelo pero quedando nuevamente detenidas frente a la ciudad universitaria. El tercer intento de ataque a la ciudad fue un ataque de flanco con la intención no ya de ocupar la ciudad si no de aislarla del resto de la zona republicana. La batalla del Jarama supondrá un nuevo revés para las tropas nacionales, ya que pese a la ganancia de terreno y a conseguir tener batida la carretera de Valencia la ciudad no fue rodeada ni embolsada. El último intento sobre Madrid será la batalla de Guadalajara. En esta ocasión serán las tropas italianas del CTV con ayuda de la división Soria del ahora general Moscardó las que intentarán embolsar la ciudad siguiendo el eje Sigüenza, Guadalajara, Alcalá de Henares y tratando finalmente de enlazar con las fuerzas de la zona del Jarama. El resultado fue un rotundo fracaso. Después de un rápido avance por parte italiana el posterior contra ataque republicano no sólo llevo al CTV a sus posiciones iniciales, si no que además consiguió un enorme éxito tanto propagandístico como de material capturado.

Viendo entonces que la posibilidad de asalto o conquista de la capital no era factible Franco decidió variar el escenario principal de las operaciones.

3.- La campaña del Norte

La cornisa Cantábrica representaba una bolsa republicana. Su conquista representaría una serie de beneficios importantes para los nacionales. En primer lugar, poder ocuparla significaría poder utilizar en beneficio propio tanto los recursos mineros asturianos como sobre todo la industria siderometalúrgica de la provincia de Vizcaya. EN segundo lugar, la eliminación de este frente permitiría a los nacionales utilizar todas las tropas de este frente para crear una gran masa de maniobra que pudiese ser utilizada contra la capital.

Se eligió un eje de ataque desde el Este al Oeste. Las razones son simples. Contando con las bases de inicio en Álava y Guipuzcoa significaba una orografía menos complicada que la que ofrecía comenzar en Galicia o peor todavía los Picos de Europa. Además el objetivo fundamental era la ciudad de Bilbao, se consideraba que caída esta la posibilidad de resistencia republicana caería en picado. Durante las primeras fases de la ofensiva se produjo el más que conocido bombardeo de la ciudad de Guernica por parte de la aviación alemana de la Legión Cóndor. Lo cierto es que el pánico producido por la casi destrucción de la ciudad influyó de forma significativa en la falta de resistencia de la ciudad de Bilbao. Pese a que se había construido el llamado cinturón de hierro y pese a contar dicha ciudad con antecedentes de resistencia tan significativos como los sitios sufridos durante las guerras carlistas.

Una vez ocupada toda la provincia las tropas del PNV llegaron a un acuerdo a través de la diplomacia vaticana para rendirse a los italianos, será el acuerdo de Santoña, acuerdo que por supuesto Franco se negó a reconocer. Posteriormente se produciría la caída de Santander y finalmente la eliminación de todo el frente Norte. Por su parte el mando republicano realizaba dos ofensivas encaminadas tanto a aligerar la presión sobre el frente norte como a recuperar posiciones en la zona central.

La primera de ellas fue la ofensiva de Brunete después de la caída de Bilbao. Pretendía dicha ofensiva llegar hasta Navalcarnero en la carretera de Extremadura. De esa forma se conseguiría eliminar la presión sobre Madrid, ciudad que era frente de guerra desde noviembre de 1936. El resultado fue parecido al de la anterior nacional en Guadalajara. Tras un primer avance bastante rápido de las tropas republicanas el posterior contra ataque nacional hacía que las posiciones volviesen al punto de partida. Ahora bien la intensidad del ataque hizo que Franco tuviese que enviar tropas desde el frente Norte, con lo que la ofensiva en el cantábrico quedó momentáneamente paralizada. La otra ofensiva fue la de Belchite, donde las tropas republicanas intentaron un movimiento de flanco que les permitiese ocupar bien Teruel o especialmente Zaragoza. Finalmente nada se consiguió, ya que el frente apenas se vio modificado.

4.- La campaña de Teruel y la llegada al Mediterráneo

Teruel representaba una cuña en la zona centro republicana. Una ofensiva desde allí amenazaba las comunicaciones de Madrid con Levante o como posteriormente se vio, podría resultar la división de la zona republicana en dos. Por ello el Estado Mayor republicano planteó una ofensiva para eliminar el saliente de Teruel. Una vez eliminada esa amenaza se barajó la posibilidad de una ofensiva sobre Extremadura que dividiese a los nacionales en dos. De esa forma posteriormente se pasaría a una eliminación de la zona nacional en Andalucía.

La ofensiva sobre Teruel fue un éxito, de hecho fue la única capital de provincia ocupada por los republicanos en toda la guerra. El problema vino después. Antes de poder llevar a cabo los posteriores movimientos el Ejército nacional desencadenó una contra ofensiva en Teruel, siendo recuperada. Posteriormente una ofensiva general en el frente de Aragón conseguía la victoria de Alfambra, ocupar el Maestrazgo y lo que todavía era peor, llegar al Mediterráneo en Vinaroz, dividiendo así la zona republicana en dos. Una brecha que era aproximadamente tan ancha como la provincia de Castellón. Además se conseguía ocupar la ciudad de Lérida y por tanto hacer las posiciones en el frente de Aragón mucho más cómodas para los nacionales. Mientras se sucedían estas ofensivas el Gobierno Largo Caballero entraba en crisis siendo sustituido por otro socialista, el doctor Juan Negrín ex ministro de Hacienda en época de Giral.

5.- La batalla del Ebro y la campaña de Cataluña.

La situación republicana comenzaba a ser delicada. Pese a que una parte importante del Ejército se encontraba en Cataluña era urgente volver a comunicar ambas zonas. La situación internacional además hacía un guiño a la suerte republicana. El regreso de León Blum en Francia permitía momentáneamente la apertura de la frontera y el paso de importantes suministros militares.

El Estado Mayor republicano planteó entonces la principal ofensiva de toda la guerra. El cruce del Ebro en la zona de Gandesa. Se planeaba o bien una ofensiva victoriosa que incluso recuperase Teruel y dejase rodeadas las tropas de Castellón o si no al menos una larga guerra de desgaste. Casi se confiaba más en lo segundo, ya que en aquellas fechas la situación internacional estaba muy revuelta. La crisis de los Sujetes hacía temer una guerra en Europa, lo cual parecía bastante lógico llevaría a una intervención franco-británica a favor de la república española.

El paso del Ebro si bien fue bastante rápido ni siquiera consiguió un objetivo tan limitado como ocupar Gandesa. La reacción nacional fue muy rápida y además hay que tener en cuenta que en esta época la superioridad aérea nacional era cada vez mayor.

A Franco se le planteaban dos opciones. O bien una movimiento de flanco, tal vez partiendo de Lérida, para aislar totalmente al ejército de Cataluña o bien el enfrentamiento directo y la guerra de desgaste. Se optó por lo segundo probablemente por dos consideraciones. En primer lugar un movimiento cercano a la frontera francesa en un momento de máxima tensión por la crisis de los Sujetes fuese visto como una amenaza por Francia. En segundo lugar, Franco como casi todos los oficiales españoles del momento habían crecido con las doctrinas francesas de la primera guerra mundial, es decir guerra de desgaste y punto débil del enemigo.

El resultado de este verdadero “choque de carneros” fue la costosísima victoria nacional, en una batalla que como aquellas de la primera guerra mundial en Francia se decidió después de varios meses y donde las unidades soportaban pérdidas de hasta el 80%. Pero si costosa fue la victoria nacional perores resultados tuvo en el bando republicano. Se puede decir que la moral del Ejército Popular en Cataluña se hundió. El Gobierno de Negrín en un acto propagandístico licenciaba a los voluntarios de las Brigadas Internacionales esperando otro tanto de los “voluntarios” extranjeros en el bando nacional. Nada más lejos de la realidad. En la posterior ofensiva sobre Cataluña intervinieron tanto italianos como alemanes. Lo cierto es que esta ofensiva constituyó más que una ejemplo de bliztkrieg como aseguran algunos autores un casi paseo campal por parte de los nacionales. La resistencia como tal no existió y aquellas unidades que decidieron y continuaron resistiendo apenas tenían coordinación con otras. Barcelona fue ocupada sin resistencia de ningún tipo.

Por lo tanto a inicios de 1939 la situación era ya claramente favorable al bando nacional.

6.- El final de la guerra.

El Gobierno republicano que se encontraba en Barcelona marchaba al exilio en Francia de donde por ejemplo nunca regresaría el presidente de la República Azaña pero de donde si regresaría el jefe de Gobierno Negrín. Su nuevo eslogan era “Resistir es vencer”. Negrín estaba convencido que antes o después habría guerra en Europa y que de ese futuro enfrentamiento la República se vería por fin ayudada por Francia. Sin embargo en la Junta de defensa de Madrid su comandante el coronel Casado, destacados líderes socialistas como Julián Besteiro y hasta anarquistas como Cipriano Mera veían cada vez peor la influencia del PCE y de la URSS en el Gobierno. Además consideraban que continuar con la guerra lo único que provocaría sería un mayor sufrimiento y una mayor represión final.

Por todo ello en el mes de marzo se produjo un golpe de Estado en Madrid. Tras varios días de lucha entre casadistas y comunistas los primeros se hacían con el control de la capital y en un dramático comunicado por radio Besteiro llamaba al fin de la guerra. El intento de negociar algún acuerdo con los nacionales fue un fracaso. Casado marchó al exilio al igual que Negrín y cuanto republicano pudiese. Los puertos de Almería, Cartagena, Alicante y Valencia vieron partir cualquier tipo de embarcación atestada de refugiados republicanos rumbo principalmente a Argelia.

Por lo tanto no hubo ofensiva final. Las tropas nacionales se dedicaron a ocupar lo más rápidamente posible las últimas capitales en manos republicanas, especialmente Madrid, donde las tropas del Ejército Popular cuando no se rendían principalmente abandonaban su unidad y equipo para dirigirse a sus casas. El 1º de abril de 1939 tras casi tres años de infernales combates terminaba la Guerra Civil. Tan solo cinco meses después comenzaba la Segunda Guerra Mundial donde los españoles participarán de forma destacada en ambos bandos.

EVOLUCIÓN POLÍTICA EN EL BANDO NACIONAL

Cuando se planteó y organizó el golpe de Estado se acordó que la jefatura y dirección del mismo correspondiese al general Sanjurjo, que en ese momento estaba exiliado a consecuencia de su anterior intento de golpe en 1932. Sin embargo, el día 20 de julio moría en accidente aéreo nada más despegar su avión desde Lisboa. Se producía así un “vacío de poder” entre los sublevados.

Durante los primeros días el sistema que se empleó fue el de bandos que cada uno de los generales sublevados proclamaba en sus zonas de influencia Mola en el Norte, Queipo en Andalucía o Franco en Marruecos. Sin embargo para unificar y tratar de coordinarles a todos ellos se eligió el 24 de julio al general Cabanellas, el de mayor antigüedad, para que presidiese una Junta de Defensa Nacional compuesta por seis vocales y con sede en Burgos. Confiaban todavía los sublevados que el golpe no tardaría en triunfar más que unas semanas o a lo sumo unos pocos meses.

Esta Juntas estaría asesorada por una serie de comités que tomaron las primeras decisiones. Se restableció la bandera roja y gualda, se proclamó el estado de guerra a todo el territorio nacional, además se promulgó la ley marcial, con lo que casi todos los delitos pasaron a ser de jurisdicción militar y finalmente se sustituyeron a las autoridades civiles por militares.

En el capítulo meramente político se eliminaron los derechos de reunión y manifestación, se estableció la censura de prensa y se ilegalizaron todos los partidos y sindicatos del Frente Popular siendo todos sus bienes incautados. Pero es que además los mismos partidos que se habían sumado al golpe cuando no lo habían propiciado vieron sus derechos muy limitados, caso de la CEDA. Solamente la Falange y los Requetés mantuvieron cierto margen de acción, viendo reconocidos sus símbolos que eran los únicos permitidos a parte de los de carácter militar. Se puede concluir que durante el verano de 1936 en el bando nacional se pasó a un régimen de carácter militar.

En materia económica la Junta recibió importantes apoyos tanto de capitales como material. Cabe destacar especialmente al banquero Juan March en cuyos barcos se realizó parte del traslado de tropas entre Marruecos y la Península. Otro gran pilar económico fue el catalanista Francesc Cambó que aunque exiliado en Suiza terminó por aportar más que generosas cantidades al bando nacional. En general todos los grandes industriales, comerciantes y banqueros aportaron importantes sumas y su más que activa colaboración. Además la publicación de un decreto cancelando las medidas de la Reforma Agraria siendo las tierras expropiadas devueltas a sus anteriores propietarios y otro en el que se establecía una prestación personal de los campesinos para garantizar la recogida de la cosecha hizo que los terrateniente mirasen con muy buenos ojos a los sublevados. Finalmente en septiembre se organizó en Burgos una Junta delegada del Banco de España.

El cambio fundamental se produjo el 1º de octubre de 1936. En ese día varios de los más destacados de los generales sublevados se reunían en una pequeña caseta de un aeropuerto a las afueras de Salamanca. En esta reunión se otorgaba a Franco el mando de las operaciones, nombrándosele generalísimo de los Ejércitos, además de jefe del Gobierno y jefe del Estado. Todos estos títulos se le otorgaban de forma “provisional” hasta la finalización de la guerra. En la práctica Franco se hacía con todos los resortes de poder dentro del bando nacional convirtiéndose en un “caudillo”, título que pronto comenzaría a utilizar. Por otro lado este nombramiento representaba la preeminencia de los militares sobre los líderes políticos de la derecha que se habían sublevado en julio. Para asesorar al nuevo jefe del Estado se creó una Junta Técnica de Estado pero sin verdadero poder decisorio.

A nivel económico se hizo claro desde el principio la reorganización de toda la producción dentro de la zona controlada por los nacionales para contribuir al esfuerzo de guerra. Se implantó la ley marcial y se centralizó toda la administración. Un ejemplo de todo esto sería la ley de 23 de agosto de 1937 por la que se creaba el Servicio Nacional del Trigo. Este sería un órgano del Estado que controlaría la compra, venta y distribución de toda la producción nacional, así como los precios de compra y venta. La finalidad última de este organismo fue el de suministrar los recursos necesarios a las unidades del frente pero evitando carestías en las ciudades y zonas de retaguardia. Además con la fijación de los precios de compra se aseguraban las rentas de los campesinos. Con todo esto se podía contar con una cierta tranquilidad en las zonas de retaguardia.

En el capítulo financiero el dirigismo, anticipo de la autarquía, marcó la línea fundamental de actuación del nuevo estado. La Junta delegada del Banco de España en Burgos tomó una serie de medidas. Por un lado se emitió nueva moneda, declarando ilegal la republicana, se declaró también ilegal la salida del oro del Banco de España en Madrid decretada por el gobierno republicano, se recaudaron préstamos de financieros e industriales, como el caso de Juan March o Cambó y finalmente se realizaron compras de material y suministros a Alemania e Italia que posteriormente deberían ser pagadas.

El principal cambio en la política del nuevo Gobierno se puede encontrar a partir de l mes de enero de 1937 con la llegada desde la zona republicana del cuñado del dictador, Ramón Serrano Suñer, abogado, ex diputado de la CEDA y albacea testamental de José Antonio. Durante los meses pasados ya se comenzaba a notar el desprecio por los partidos y la mayor parte de los dirigentes políticos de la derecha española. Realmente a los dos únicos grupos que se toleraban era a falangistas y tradicionalistas, los cuales habían aportado gran cantidad de milicias voluntarios, las cuales fueron militarizadas en diciembre de 1936. Finalmente se produjo el esperado Decreto de Unificación el 19 de abril de 1937, por el cual se creaba un único partido político legal y autorizado en el bando nacional, Falange Española Tradicionalista y de las JONS. El nuevo partido quedaba bajo el mando directo de “el caudillo”, se establecía una Junta Política y un Consejo Nacional cuyas funciones serían meramente consultivas, es decir, se reproducía el modelo de Partido Fascista italiano. Además la decisión integraba dentro del mismo partido a grupos de ideología muy diversa lo que provocaría graves y grandes tensiones especialmente entre falangistas y tradicionalistas.

Meses después se fijaban los Estatutos del nuevo partido donde se incorporaban los puntos de la Falange elaborados por José Antonio, ideas tradicionalistas y sobre todo el ideario del dictador. El nuevo modelo sindical sería de tipo vertical, en oposición a los sindicatos horizontales de clase, los estudiantes se integraban en un único sindicato el SEU y las mujeres ocupaban un partido paralelo, la sección femenina, cuya función principal sería la de organizar sección de enfermeras, a establecer asociaciones de beneficencia, atención a los huérfanos, etc. Además se encargaron del Auxilio Social, creado en 1936 por la viuda de Onésimo Redondo.

Las leyes que se fueron tomando iban encaminadas a la desaparición de las libertades y la centralización del poder.

La principal de ellas sería El Fuero del Trabajo, entrando en vigor el 9 de marzo de 1938. Realmente se trata de una adaptación de la Carta dei Lavoro italiana con retoque por parte de la falange. De esta forma se regulaban las relaciones laborales y se creaban Magistraturas de Trabajo para solucionas los conflictos laborales.

El 28 de julio de 1936, se declara la censura previa en la zona controlada por los nacionales. En 1938 se aprueba la nueva Ley de Prensa que ratifica la censura previa. Además, se producen dos creaciones periodísticas durante la contienda que tienen una importante repercusión posterior: la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda (1937), Radio Nacional de España (1937), en la que colaboraron activamente los alemanes e italianos, y la Agencia Efe (1939).

En 1938 se reformaron los estudios de bachillerato con un claro componente ideológico.

En el campo religioso la unidad entre el nuevo Estado y la Iglesia católica fue cada vez mayor. Se declaró como única confesión tolerada la Católica, se reestableció el presupuesto de culto y clero, se volvió a permitir la enseñanza religiosa, se derogó la ley de Congregaciones y regresaron los jesuitas, se eximió a la Iglesia del pago de impuestos y se eliminó el matrimonio civil y por supuesto el divorcio. Realmente en este apartado y tras la pastoral de 1937 de apoyo a los sublevados se puede hablar de un nacional-catolicismo y de un total apoyo de la jerarquía eclesiástica al bando nacional.

La última de las leyes aprobada fue la Ley de responsabilidades políticas, en febrero de 1939. Que permitía juzgar por rebelión armada a todos los republicanos, así como la ilegalización de los partidos del Frente Popular.

EVOLUCIÓN POLÍTICA DEL BANDO REPUBLICANO

El 18 de julio dimite el jefe de Gobierno Santiago Casares Quiroga y es sustituido por Diego Martínez Barrio quien forma un ejecutivo que no llega a tomar posesión. Realmente su función consistió en contactar con el general Mola en Pamplona y tratar de llegar a algún tipo de arreglo. Ante la negativa de este último Martínez Barrio dimite siendo sustituido el 19 de julio por José Giral, también de Izquierda Republicana como Azaña.

La situación que encuentra Giral es demoledora. La red de gobernadores civiles y militares se encuentra desbordada y no se sabe quien es de confianza con lo que el Gobierno se ve incapacitado para impartir órdenes o realizar sus funciones. Realmente el poder a nivel provincial o local se encontraba en manos de comités revolucionarios organizados por los partidos y sindicatos, como los casos de Madrid, valencia o Barcelona.

Estos comités normalmente estaban presididos por algún líder obrero. Este sería el caso de Cataluña donde el denominado Comité de Milicias Antifascistas estaba controlado por la CNT, mientras que la Generalitat totalmente desbordada por el estallido revolucionario se limitaba a dar su aprobación sin apenas protesta. Cabe citar además a los siguientes comités: Comité Ejecutivo Popular de Valencia, Comité de Salud Pública de Málaga (como el francés de 1793), Comité de Guerra de Gijón, Consejo de la Cerdaña o Comité Antifascista de Ibiza.

Las primeras medidas del Gobierno republicano estuvieron limitadas por la existencia de numerosos comités de partidos que escapaban a su mando cuando no se oponían a los decretos del Gobierno. En la práctica transportes, comunicaciones, empresas, servicios públicos, talleres y especialmente seguridad y milicias se encontraban en manos de partidos y sindicatos. Incluso lugares como hoteles, peluquerías, y restaurantes fueron colectivizados y manejados por sus propios trabajadores.

El 2 de agosto se publico un decreto por el que el Gobierno se incautaba de todas las empresas, inmovilizaba cuentas corrientes y depósitos y se prohibía la transmisión de bienes inmuebles. Evidentemente también fueron incautadas todas las propiedades de la Iglesia.

Cabría destacar los siguientes decretos:

* Decreto del Gobierno de la República del 18 de julio declarando cesantes a los militares que participen en el golpe.
* Decreto declarando cesantes a los empleados del Gobierno que simpaticen con los golpistas del 25 de julio.
* Decreto de intervención de la industria del Gobierno del 25 de julio.
* Decreto de incautación de los ferrocarriles del Gobierno del 3 de agosto.
* Decreto de intervención en los precios de venta de alimentación y ropa del Gobierno del 3 de agosto.
* Decreto de incautación de fincas rústicas del Gobierno del 8 de agosto.
* Decreto de clausura de instituciones religiosas del Gobierno del 13 de agosto.
* Decreto de socialización y sindicalización de la economía del Gobierno autonómico catalán del 19 de agosto.
* Decreto de creación de los Tribunales Populares del Gobierno del 23 de agosto.

En conjunto, la España republicana asistió durante el verano de 1936 a una auténtica revolución social como así afirman numerosos testigos presenciales desde el embajador británico como a los mismos líderes políticos republicanos. Sin embargo, se oponían dos concepciones distintas de cómo debería ser esa revolución social. Por un lado la tendencia más moderada, personificada por los partidos republicanos o el ala más moderada del socialismo, partidaria de una economía de guerra y de controlar la revolución. Por otro los más radicales, encabezados por anarquistas y secundados por trotskistas y socialistas radicales, partidarios de de las colectivizaciones, tanto de empresas como de tierras y de llevar la revolución a sus máximas consecuencias.

Las tensiones internas no se hicieron esperar, además las continuas derrotas militares durante el verano lastraron la labor del Gobierno cada vez más incapaz de controlar la situación. El decreto del 3 de agosto estableció los “Batallones de voluntarios” en un vano intento de conformar un ejército que se opusiese a los nacionales. La realidad es que las unidades del ejército español que habían permanecido fieles al Gobierno republicano quedaban disueltas.

Ante estas circunstancial Giral dimite el 4 de septiembre siendo sustituido por Francisco Largo Caballero, secretario general de la UGT y conocido popularmente como el Lenin español, quien será el primer socialista en acceder al la jefatura del Gobierno. El nuevo Gobierno será de unidad, estando representados todos los partidos y sindicatos que permanecen fieles a la República, contando además con el apoyo explícito de la CNT.

Las principales tareas del nuevo Gobierno fueron las de recuperar su poder tanto político como económico y hacer frente a la ofensiva nacional creando un verdadero ejército.

En primer lugar se crearon los Comités Directivos de los Bancos, se restringió el movimiento financiero y se intentó racionalizar el proceso de la colectivización de la tierra.

Fue también este Gobierno el que gestionó los primeros envíos de material de guerra soviéticos. Material que tuvo que ser rigurosamente pagado con las reservas del Banco de España que fueron enviadas a Moscú.

A nivel militar se decidió la creación de las Brigadas Mixtas como unidad base del futuro Ejército Republicano Popular. Formada por cuatro batallones de infantería, cada uno de con cinco compañías, un batallón mixto de ingenieros, una compañía de intendencia y un grupo de sanidad. Si la brigada estaba bien dotaba también disponía de una compañía motorizada y cuatro baterías de campaña. Su número oscilaba entre 2.500 y 4.000 hombres.

Otra de las grandes decisiones del Gobierno fue la aprobación del estatuto de autonomía del País Vasco el 1 de octubre de 1936, siendo su primer Lehendakari el peneuvista José Antonio Aguirre.

A primeros de noviembre se producía un hecho histórico sin precedentes al incorporarse cuatro dirigentes anarquistas al Gobierno, además por vez primera en la historia una mujer ocupaba un ministerio, en este caso la anarquista Federica Montseny se hacía cargo del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social.

Una polémica decisión fue el traslado el 7 de noviembre de 1936 del Gobierno de Madrid a Valencia ante la cercanía de las columnas del general Varela, creando para la defensa de la capital una Junta de Defensa que asumió todas las responsabilidades en la organización de la defensa y la vida cotidiana. Las tensiones entre la Junta y el Gobierno no se hicieron esperar y además se añadieron otras nuevas con el recién constituido Gobierno vasco y también con la Generalitat de Cataluña.

Además en el Gobierno de Largo Caballero también estallan conflictos y disputas entre los dos modelos revolucionarios. El primero estaba encabezado por los anarquistas y el POUM, ambos enfrentados con el PCE. Además defendían la inmediata colectivización de las tierras y fábricas y la constitución de comunas como base de la producción. Este modelo estaba muy extendido en Valencia, Aragón y Cataluña, tendiendo su mejor ejemplo en el control que ejercía la CNT de los servicios públicos en Barcelona.

El segundo modelo, encabezado por socialistas y muy especialmente por los comunistas, defendía la necesidad de controlar la producción de las tierras y sobre todo empresas expropiadas para ayudar de forma definitiva al esfuerzo de guerra. Por consiguiente defendía una planificación de la producción y excluía a los comités de autogestión y el control descentralizado de muchas empresas. Fue este modelo el que terminó implantándose, especialmente gracias al poder que cada vez más fue tomando el PCE gracias a la ayuda militar de la URSS y a la existencia de numerosos asesores soviéticos en todas las esferas del gobierno, la administración y el Ejército, que les hacía disfrutar de un poder que no se correspondía con sus efectivos reales.

La tensión estalló el 3 mayo de 1937 en Barcelona. El Gobierno de la Generalitat, presidido por Lluis Cmpanys, decidió eliminar los comités de vigilancia y centralizar la dirección de orden público. El intento del responsable de asuntos interiores en el gobierno autonómico, Artemio Ayguadé de tomar la Telefónica produjo un tiroteo con los anarquistas que la ocupaban desde julio del año anterior. Durante cinco días anarquistas y trotskistas del POUM se enfrentaron a comunistas y fuerzas del orden, siendo los primeros derrotados. Las consecuencias no se hicieron esperar.

La insurrección fue esgrimida por el PCE contra el POUM para acusarles de fascistas y quintacolumnistas, exigiendo su ilegalización. Además del cierre de sus órganos de prensa y disolución de sus milicias. Ante la negativa de Largo Caballero los ministros comunistas presentaron su dimisión provocando una crisis que llevan al presidente a presentar su dimisión el 15 de mayo.

No se sabe a ciencia cierta cual fue la razón por la que fue elegido para el nuevo Gobierno Juan Negrín López y no Indalecio Prieto, que era el esperado por la opinión publica. Lo cierto es que en el nuevo Gobierno no habría representación ni de la UGT ni de la CNT. Además una de las primeras medidas tomadas fue la ilegalización del POUM el 15 de junio de ese mismo año, siendo detenidos sus dirigente. Cabe reseñar especialmente la detención de Andréu Nin que moriría asesinado por la GPU soviética en Alcalá de Henares el 20 de junio.

Negrín será el jefe de Gobierno hasta el final de la guerra contando cada vez más con el apoyo del PCE, sectores del socialismo y aunque a regañadientes con el de la CNT. Las medidas no se hicieron esperar. Indalecio Prieto junto con el general Vicente Rojo culminaban la formación del Ejército Republicano Popular, aunque no se pudo evitar la caída del Norte al menos si se plantearon varias ofensivas en distintos sectores. En agosto un plan conjunto de PSOE y PCE sirvió para fortalecer al Gobierno que extendió su control a todo el país. Se intentó regular la producción agraria para conseguir el abastecimiento de las ciudades y se intervino el la producción de unas 500 fábricas cuya producción se consideró de interés para el desarrollo de la guerra. Además en octubre se trasladaba el Gobierno de Valencia a Barcelona.

Sin embargo las derrotas militares se sucedieron especialmente cuando las tropas nacionales en marzo conseguían dividir la zona republicana en dos. En ese momento los sectores más moderados del Frente Popular comenzaron a plantear la posibilidad de una negociación para terminar con la guerra, sin embargo, Negrín con el decidido apoyo del PCE se negó tajantemente. Su idea era resistir todo lo posible y sin escatimar esfuerzos con la vana esperanza de que una guerra en Europa ayudase a la República. Además Prieto fue cesado como Ministro de la Guerra tras emitir un informe muy pesimista sobre las posibilidades militares de la República de realizar una nueva ofensiva.

La realidad no pudo ser más cruel. La ofensiva del Ebro fracasaba al poco de iniciada, la crisis de los Sudetes lejos de llevar a Europa a la guerra significó la claudicación de las potencias occidentales ante las fascistas y por si fuera poco la contra ofensiva nacional durante varios meses en el Ebro hacía que el Ejército Republicano quedase maltrecho y al borde del colapso en Cataluña. La posterior ofensiva sobre Cataluña y el exilio del Gobierno con su presidente a la cabeza, de toda la Generalitat y hasta del presidente de la República Manuel Azaña no hacían presagiar más que el fin de la lucha. Negrín regresaría a España el 9 febrero de 1939 pero tan sólo para ser testigo del fin de la República.

Dispuesto a poner en práctica su plan de continuar la guerra. El 21 de febrero se entrevista en Madrid con el coronel Casado. Cuando sabe de la renuncia de Azaña, el presidente de las Cortes, Martínez Barrio, comunica a Negrín que estaría dispuesto a sustituirle si el jefe de Gobierno emprende una política encaminada hacia una paz inmediata y honrosa. Pero no hubo contestación puesto que de inmediato surgieron los sucesos derivados de la conspiración dirigida por Segismundo Casado. Casado define el Gobierno de Negrín como “una dictadura... Al servicio de una potencia extranjera”. En la entrevista con Negrín en Madrid, Casado le dice que es imposible seguir la guerra. Casado había suspendido en Madrid la publicación de Mundo Obrero por un ataque a Largo Caballero. La guerra entre Casado y los comunistas estaba servida. En la reunión del aeródromo de los Llanos, en Albacete, entre Negrín y los principales jefes militares, según Casado todos los jefes militares estaban de acuerdo en que la guerra no debía continuar.

En los tres primeros días de marzo la situación se complico acusándose mutuamente de intentar un golpe de Estado casadistas y comunistas. El día 2 Matallana y Casado se reúnen con Negrín en Yuste y marchan luego a Valencia para reunirse con otros jefes militares.

El día 5 Casado y sus tropas toman los principales edificios oficiales de Madrid y se constituye el Consejo Nacional de Defensa. Besteiro, la mas importante personalidad política sumada a la conjura, acusa a Negrín de fanatismo pedía la obediencia al Consejo. En los días siguientes se producen enfrentamientos en Madrid entre unidades comunistas y las de Casado y el anarquista Cipriano Mera, que acabo con la derrota de los comunistas. El consejo quedo instalado y se disponía a emprender negociaciones de paz con Franco.

Cuando Negrín que estaba en Elda, se enteró de lo ocurrido en Madrid, destituyó a Casado e intentó detener su acción. Al no conseguirlo, Negrín, sus ministros y algún mando comunista abandonan el país en avión.

El 23 de Marzo parten para Burgos los comisionados de Casado, para reunirse con Franco, en esta reunión se discutirán las condiciones que Franco imponía y se acordó que era imposible cumplirlas. El día 25 se celebro otra reunión. El día 26 Casado y sus colegas recibieron una comunicación de que Franco se disponía a realizar un ataque y recomendaba recibirlo con la bandera blanca. Las negociaciones se habían roto. El 28 de marzo las tropas de Franco entrarían en Madrid, el 31 Alicante seria ocupado y el 1 de abril la guerra terminó y la Republicana dejaba de existir.