La España de los Austrias menores: los conflictos internos.

La medida más importante del reinado de Felipe III fue la expulsión de los moriscos en 1609. Esta expulsión afectó a 273.000 personas y tuvo una especial incidencia en el reino de Valencia, el bajo Aragón y el reino de Murcia.


La comunidad mudéjar, que se vio obligada a cristianizarse formalmente a lo largo del siglo XVI, se había revelado como una minoría inasimilable. Vivían en localidades separadas y habían mantenido sus vestidos, su lengua y costumbres. Eran básicamente campesinos, que practicaban una agricultura especializada y de regadío, y que pagaban a sus señores feudales unos censos muy superiores a los de los campesinos cristianos viejos. Por esos motivos sufrían la animadversión de las clases populares y de los señores con vasallos cristianos viejos, mientras que sus señores eran sus principales valedores. En cambio los moriscos castellanos habían sido diseminados por las ciudades, donde realizaban diversos oficios como los de carretero, arriero o pequeño artesano., sin embargo en Castilla también eran socialmente rechazados.


La iniciativa de su expulsión partió de un colectivo militar, que alegaba una posible alianza entre las comunidades moriscas y los corsarios berberiscos, esto podría conducir a un desembarco de los turcos en las costas españolas. Quien más empeño puso en su expulsión fue el arzobispo de Valencia, Juan de Ribera, deseoso de imponer definitivamente en el reino la fe católica, muy en la línea de la Contrarreforma.


Ahora bien, el duque de Lerma hizo coincidir el decreto de expulsión con la firma de la paz de los 12 años con las Provincias Unidas, 9 de abril de 1609. La Diáspora morisca se dirigió fundamentalmente al Norte de África donde fueron un importante factor de desarrollo, tanto en Túnez como Argel, pero llegaron a constituir repúblicas independientes como el caso de Rabat. Pero para algunas comarcas de Valencia, Aragón y Murcia supuso un agravamiento de la crisis demográfica de la que tardarían mucho tiempo en recuperarse. Hasta tal punto afectó esta pérdida de población que en 1614 se tuvo que reducir las tasas de intereses de los censales.


Felipe IV:


ver: La crisis de 1640.


Carlos II:


ver: Los validos