La Península Ibérica en la Edad Media: Una cultura plural (cristianos, musulmanes y judíos).

Con la caída del Imperio romano la cultura y el arte tuvieron que buscar nuevos mecenas. Estos fueron:


En primer lugar la Iglesia. Los eclesiásticos poseían el poder económico político y espiritual. En ocasiones el clérigo era un hombre de letras como Per Abbat y Gonzalo de Berceo. En sus dominios se llamaba a los artistas para levantar nuevas iglesias o copias de libros. Los monasterios se convirtieron en importadores de la cultura europea gracias a las órdenes cluniacense y cisterciense, destacan los de Ripoll o San Millán, importantes focos culturales y artísticos.


La corona, aunque más en concreto determinados reyes, menos preocupados en la espada y la Reconquista, como Alfonso X el Sabio. Su interés por el saber le convirtió en figura destacada y eminente del conocimiento medieval.


La nobleza, al igual que la corona más volcada en la vida de las armas, sin embargo contamos con numerosas excepciones como Don Juan Manuel, el Marqués de Santillana o Jorge Manrique.


Los focos de la cultura


La invasión musulmana hizo que la mayor parte de los monasterios fuesen destruidos, teniendo que buscar refugio en zonas montañosas de difícil acceso, como por ejemplo San Juan de la Peña. Desde el punto de vista cultural estos se convirtieron en un auténtico oasis de la vida intelectual, dividiéndose en una serie de zona básicas como el claustro donde los monjes paseaban o conversaban, la Sala capitular, centro de reuniones, el refectorio y por supuesto la iglesia, verdadero centro del monasterio. Pero además hay que señalar la biblioteca y por supuesto el scriptorium, lugar donde los monjes en grandes pupitres copiaban libros antiguos, dotando a muchos de ellos con bellísimas miniaturas, y que también servía de lugar de estudio y foco de discusión sobre diversos temas. Los Comentarios del Apocalipsis del Beato de Liébana o los Códices conciliares conocidos como el Albeldense y el Emiliananse.


En el siglo XI cobra importancia la orden cluniacense en los monasterios de Silos, donde destaca la figura de Santo Domingo de Silos, y Ripoll donde el abad Oliba impulsó la reforma religiosa en 1006.


A finales del siglo XII se extendió por la Península el Cister. Osera, Fitero, Veruela o Poblet fueron alguno de los monasterios más destacados. En sus edificios se ensayaron las técnicas constructivas que darían paso al Gótico.


La expansión urbana contribuyó a la aparición de “escuelas catedralicias”. En ellas se enseñaba el trivium (gramática, retórica y dialéctica) y el quadrivium (aritmética, geometría, música y astronomía) Destacan las de Zaragoza, Toledo, Palencia, Barcelona o Huesca, pero sobre todas ellas la de Santiago de Compostela.


Lenguas romances


La desaparición del Imperio romano de Occidente supuso una fragmentación del latín vulgar que fue evolucionando de forma independiente en los distintos reinos, la invasión musulmana ayudo a ello. Hacia el año 1000 se podían distinguir seis dialectos: gallego, leones, castellano, navarro-aragonés, catalán y mozárabe.


El mozárabe fue el que evolucionó menos, ya que esta lengua servía para dar mayor cohesión a este grupo, el avance de la reconquista supuso su desaparición imponiéndose el castellano. El gallego daría origen al portugués, frenándose su expansión con la independencia de este territorio. Sobrevivió el vascuence, mientras que el catalán se extendía en los condados de la Marca Hispánica.


Las primeras voces romances se conservan en las Glosas Silenses y Emiliananses, redactadas en el siglo X y donde se intercalan vocablos navarro-aragoneses y textos latinos. En el siglo XI surgieron las jarchas, cuyos versos empleaban el dialecto mozárabe. En el siglo siguiente aparecería el Cantar de Mio Cid. El latín quedaba desplazado al culto religioso.


La difusión de estas lenguas se debió en gran parte a los sacerdotes, necesitados de emplear en su predicación una lengua cotidiana y comprensible, y los juglares, que entretenían a un público de todas clases con sus canciones y narraciones.


Las universidades.


A principios del siglo XIII con el renacimiento urbano surgieron el Gótico y las primeras universidades. Tres universidades alcanzarían gran renombre París, que destacaba en los estudios de Teología, Bolonia, en derecho y Oxford, en ciencias.


La primera universidad española fue la de Palencia (1208), aunque la de mayor renombre sería la de Salamanca (c. 1250) en cuya regulación de estudios intervino el propio Alfonso X. Además de los saberes tradicionales: Gramática, Aritmética, Retórica, Música y Canto llano se introducían nuevos saberes: Lengua (incluyendo las modernas), Medicina, Cirugía y Jurisprudencia. Se organizaron siguiendo bien el modelo de París, donde el Gobierno correspondía en exclusiva al gremio de docentes, bien al de Bolonia, donde la dirección correspondía a los estudiantes. Por ejemplo Lérida tendrá la suya en 1300 tomando el modelo de Bolonia.


Los libros eran muy caros lo que exigió aumentar el número de copistas. Los grados de enseñanza eran los de bachiller, seis cursos, licenciado, cinco años más y licencia para enseñar, y doctor, que requería una tesis y una clase magistral.


La escuela de traductores de Toledo


España se convirtió en la Edad Media en eslabón de comunicación entre el Islam y la Cristiandad. En la Península convivieron las tres culturas: musulmanes, judíos y cristianos. La Escuela de Traductores de Toledo fue el mejor ejemplo de esta convivencia.


La ciudad fue reconquistada por Alfonso VI en 1085. En ella abundaban las bibliotecas contextos árabes, pero también en griego, persa o hindú. En el siglo XII el arzobispo don Raimundo fundó un centro en el que se traducirían y estudiarían los textos que recogían la sabiduría de los distintos pueblos. Las dos figuras destacadas serían Gundisalvo, traductor de textos filosóficos y autor de nuevos tratados, y Juan de Sevilla, traductor y estudioso de tratados de astronomía y astrología. La aportación más notable consistió en la recuperación de textos griegos perdidos en Occidente: Aristóteles, Ptolomeo, Euclides, etc. En los trabajos participaban cristianos, judíos y musulmanes. Sabios como Gerardo de Cremona o Miguel de Escoto acudieron a Toledo a participar en la traducción.


Además en el siglo XIII Alfonso X fundo en Sevilla los Estudios Generales de latín y árabe, dando además un nuevo impulso a la escuela de Traductores de Toledo.