La Península Ibérica en la Edad Media: los primeros núcleos de resistencia cristiana.

El reino astur-leones:


Este reino fue el más importante núcleo cristiano hasta el siglo X por su extensión, fuerza económica y estructura política.


La historiografía fecha en el año de 714 la creación de un reino Astur, con Pelayo como rey y capital en Cangas de Onís. Hoy se propone como más verosímil la fecha de 718 ya que, según parece Pelayo pactó con los invasores e incluso fue enviado a Córdoba, de donde escapó en 717.


La batalla de Covadonga se suele fechar en el año de 722 y que constituye el primer “éxito” militar de los cristianos y, por lo tanto, simboliza el “inicio” de la Reconquista.


Alfonso I (739-757) aprovechando las luchas internas del Emirato de Al-Andalus realizó una serie de razzias en la meseta del Duero. Con ellas destruyó el sistema defensivo musulmán y creó una gran frontera despoblada al llevarse a los pobladores hispano visigodos al Norte. Estos se mezclaron con la población indígena, poco romanizada, dando lugar a una nueva sociedad.


Alfonso II (791-842) dotó al reino de una estructura definitiva. Desde el punto de vista militar consolidó la frontera. Desde el punto de vista político impulsó la vuelta al Derecho visigodo con la adopción del Liber Iodiciorum y la independencia eclesiástica y religiosa respecto a Toledo con la creación del mito-milagro del hallazgo de la tumba del apóstol Santiago.


Alfonso III (866-911) consolidó definitivamente al reino. Fijó la frontera con Al-Andalus en la ribera del Duero (Zamora 893, Toro 900, Simancas 899) ocupando definitivamente todas las tierras del margen derecho, esto fue posible gracias a una importante presión demográfica en los valles cantábricos, además de una considerable masa de mozárabes que huían de Al-Andalus. Durante su reinado se fijó la capital en León ocupada durante el reinado de Ordoño I en 854.


Castilla:


Los ejércitos musulmanes evitaban en sus incursiones al norte el tránsito por la meseta. Para atacar al reino de León remontaban el valle del Ebro penetrando por el puerto de Pancorbo o desde su fortaleza de Medinaceli.


El reino de León procuró defender esa frontera aliándose con los muladíes de Tudela, Musa Ibn Musa, con el reino de Navarro o fortificando la zona.


Hacia el 850 se cita a Rodrigo como primer conde de esta zona fronteriza repoblada con cántabros y vascones, poblaciones poco romanizadas. Formaban comunidades de campesinos-guerreros, que se regían por sus costumbres ancestrales y no por el derecho visigodo.


El primer conde independiente sería Fernán González (941-970) que estableció su poder sobre los condados de Burgos, Lantarón, Álava, Lara y Cerezo. Gracias a la caballería villana y sus plazas fortificadas como San Esteban de Gormaz, Osma, Sepúlveda o Riaza.


El núcleo de Pamplona:


Esta villa de fundación romana (Pompaelo) dominaba la estratégica vía de Roncesvalles a Astorga. Conquistada por los musulmanes participó en la derrota franca del 788 en Roncesvalles. Tras sucesivos dominios musulmanes y francos la familia Arista consigue entre el 814 y el 824 la independencia política, gracias a la ayuda de los Banu Qasi. En el siglo XI Sancho García (905-925) se buscó la alianza con Castilla.


Se inició la expansión hacia La Rioja (San Millán de la Cogolla) y la anexión por lazos matrimoniales del condado de Aragón. Con Sancho III el Mayor (1004-1035) el reino de Pamplona alcanza su mayor extensión territorial, abarcando casi todo el tercio norte peninsular. Dividió sus territorios entre sus hijos, de este reparto surge la nueva estructura política del siglo XII con los reinos de Navarra, Aragón y Castilla.


El núcleo de Aragón:


El Condado de Aragón se origina en una franja montañosa en el Pirineo central que comprendía los valles de Ansó, Hecho y Canfranc. Se crea por un interés manifiesto por la dinastía franca carolingia de proteger su frontera meridional de los posibles ataques musulmanes. Su poca población, dedicada fundamentalmente a la ganadería, estaba administrada por barones. Al terminarse la línea sucesoria de los condes de Aragón y haber casado a la heredera del condado, hace que el hijo de ambos, Sancho Garcés II lleve los títulos de rey de Pamplona y conde de Aragón (925).


Los condados catalanes:


Los francos denominaron Marca Hispánica a la zona defensiva de su imperio al Sur de los Pirineos. Después del fracaso de Carlomagno ante Zaragoza y la derrota de Roncesvalles se consiguió conquistar Gerona (785) y Barcelona (801) creándose varios condados (Barcelona, Ampurias, Gerona, Rosellón, Osona y Urgel) Tras la ocupación de la Plana de Vic la frontera quedo estabilizada durante dos siglos.


Dentro del contexto de la evolución del Imperio carolingio en descomposición las grandes familias nobiliarias tendieron a hacer hereditarios sus cargos de funcionarios. El conde de Barcelona, Wilfredo el velludo, consiguieron en 877 mediante la capitular de Quierzy que los títulos se convirtiesen en hereditarios, al igual que el resto de funcionarios los duques de Aquitania o Borgoña o el conde de Flandes.


Dos años después del saqueo de Barcelona por Almanzor en 985 Borrell se negó a reconocer al nuevo soberano Las peticiones de ayuda del conde Borrell II no habían sido atendidas por el rey franco Lotario. Como consecuencia de esto y como resultado de un creciente desarraigo de los condes de Barcelona respecto a sus antiguos señores, en 987 Borrell II se negó a renovar el pacto de vasallaje con el nuevo rey franco, Hugo Capeto, e instauró la independencia de hecho de los territorios bajo su poder.