En memoria de los alemanes deportados

EFE

Berlín.- El Gobierno alemán ha dado luz verde a la apertura de un centro de documentación en memoria de los millones de alemanes que fueron expulsados del este y centro de Europa tras la derrota del nazismo, encargo que realizará el Museo de Historia de Berlín.

El proyecto contempla la instalación de una exposición permanente, que se llevará a cabo en cooperación con la Casa de la Historia de la antigua capital federal, Bonn, y que recordará el destino de los entre 12 y 14 millones de deportados alemanes.

La decisión pone fin a la larga discusión sobre el proyecto, que durante años levantó ampollas entre países vecinos, como Polonia y la República Checa, víctimas del nazismo y de los ciudadanos de origen alemán que fueron expulsados tras la Capitulación del Tercer Reich.

La exposición permanente será una "clara señal" contra las expulsiones y deportaciones y a favor de la reconciliación, indicó el ministro de Cultura, Bernd Neumann.

Según los planes del Gobierno, el centro de documentación estará centrado en los alemanes que fueron deportados desde territorios polacos y checos, principalmente, en represalia por los crímenes del Tercer Reich.

Asimismo, se documentarán otras deportaciones ocurridas también tras la Segunda Guerra Mundial en toda Europa.

La exposición se repartirá en dos plantas, con una superficie total de 1.200 metros cuadrados, en un edificio cercano a la Potsdamer Platz.

La coalición entre los cristianodemócratas de la canciller, Angela Merkel, y sus socios socialdemócratas aprobó el proyecto tras un largo proceso de discusión en el que finalmente se implicó a representantes del Gobierno de Varsovia.

La necesidad de abrir un centro de estas características en Berlín fue defendida durante años por la Asociación de Deportados Alemanes, que preside la diputada conservadora Erika Steinbach, y contó con el rechazo del anterior gobierno socialdemócrata-verde de Gerhard Schröder.

La cuestión era delicada, pues levantaba los recelos de Polonia, que consideraba que, con ello, se calificaba como "víctimas" a los alemanes, causantes de la Segunda Guerra Mundial.

Merkel encauzó la cuestión y se llegó a una solución de consenso, en un proceso de discusión en el que intervino el comisionado del Gobierno polaco para Alemania, ex ministro de Exteriores y ex confinado en el campo nazi de Auschwitz, Wladyslav Bartoszewski.