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Libros: Archipiélago Gulag


Archipiélago Gulag es una obra del escritor ruso Alexander Solzhenitsyn que denuncia la estructura de represión del estado estalinista y sus inicios en el leninista en la antigua URSS. El extenso texto, compuesto por piezas autónomas, fue redactado entre 1958 y 1967 en la clandestinidad y sin archivos, partiendo de la propia experiencia del autor y la de más de dos centenares de testimonios orales de aquellos compañeros de campos de concentración, prisión, "reeducación" y exterminio (gulag) que depositaron en él la triste historia de sus vidas. La obra apareció en Francia (1973) y con prisas debido a los problemas del escritor con la Seguridad del Estado Soviético. La secretaria que llevaba el manuscrito cuando lo incautaron se suicidó en Moscú después de un interrogatorio, «víctima del miedo al Gulag», según palabras de Solzhenitsyn. Él fue expulsado de inmediato y sólo 20 años después (mayo de 1994) pudo regresar a la ya ex Unión Soviética, donde residió hasta su fallecimiento en 2008.
La versión completa de la obra, traducida al castellano en 1998 (Tusquets), consta de siete partes, organizadas en tres volúmenes. En el primero se disecciona el proceso de detención y las torturas practicadas para «confesar» lo que no se había hecho, las iniquidades de los funcionarios destinadas a quebrar moralmente al detenido, la convivencia con otros presos como única posibilidad de combatir el embrutecimiento... A Solzhenitsyn le condenaron a ocho años de trabajos forzados y le destinaron al campo de Nóvy Ierusalim (los monasterios ortodoxos fueron reconvertidos en centros de castigo). Llegó como un zek, o recluso, y por tanto alguien desposeído de derechos. En pocos días, dice, se convertiría en un auténtico zek: «Mentiroso, desconfiado, observador».
Las condiciones de supervivencia en el Gulag -segundo volumen, partes tercera y cuarta- eran sencillamente inhumanas. Solzhenitsyn se esfuerza, sin embargo, en ir más allá y trascender aquel horrible sufrimiento que conducía a la degradación: «Cuando se roen los huesecillos de un murciélago en descomposición, se bebe el caldo hecho con cascos de caballos muertos, se fuman ¿cigarrillos? de estiércol o se ve a un médico tomarle el pulso a un prisionero y asegurar a los funcionarios que puede soportar unos pocos minutos más de tortura, cuando se conduce a un hombre a determinadas situaciones, ese hombre queda ya eximido de todo deber con sus semejantes». Pese a lo cual el escritor recoge aquella muda humanidad proscrita y humillada y la envuelve con el manto de su palabra clara. En la breve cuarta parte se analizan los efectos del Archipiélago sobre el alma humana. Esta, el alma, tiene una estupenda ocasión para su fortalecimiento y poder trascender los errores de la vida anterior, aun siendo el hombre inocente y estando injustificada su presencia en el Archipiélago. Así, leemos (parte IV, capítulo 1): "Tu alma, antes seca, ahora rezuma con el sufrimiento. Aunque no ames al prójimo al estilo cristiano, la devoción abre camino en tu corazón y comienzas a aprender a amar a los que te rodean". Asimismo: "El sentido de la existencia terrena no es la prosperidad (...) sino el desarrollo del alma. Desde este punto de vista, nuestros verdugos recibían el más terrible de los castigos: descendían al nivel de la bestias, se deshumanizaban. Bien podemos afirmar que ellos eran los verdaderos prisioneros del Archipiélago. (...) Nosotros allí encontramos nuestra libertad". Solzhenitsyn profundiza en su trayectoria personal a fin de aclarar este punto: "En la embriaguez de mis éxitos juveniles me sentía infalible, y por ello fui cruel. En mi exceso de poder, fui homicida y violador [¿una referencia a sus años de oficial en el ejército?]. (...) Sobre la paja podrida de la prisión percibí en mí los primeros latidos del bien". ¿Cómo se entiende que un hombre "inocente" haya de encontrar este desarrollo espiritual en los campos de trabajo? Nos lo explica Solzhenitsyn en palabras del médico que le operó de su tumor, Boris Kornfeld: "Ningún castigo en la vida terrena se nos aplica sin que lo merezcamos. Al parecer, puede aplicársenos por algo muy distino de aquello de que somos culpables. Pero si se examina toda la vida y se reflexiona profundamente, siempre encontraremos el crimen por el que ahora recibimos el golpe".
Las tres últimas partes nos trasladan las tribulaciones que los zeks (prisioneros) aún debían de sufrir incluso después de salir de los campos de trabajo, así como los últimos estertores del sistema Gulag una vez muerto Stalin y hasta su disolución formal en 1960.