Adriano conquista el British Museum

Animula vagula blandula...Así empieza el célebre poemita del emperador Adriano, su adiós a la vida. "Almita inquieta y melosa", quizá, pero por fuera un militar de los pies a la cabeza, un cachas sumamente diestro con las armas que podía ser brutal. Thorsten Opper, el comisario de la nueva, espectacular exposición sobre el emperador Adriano en elBritish Museum de Londres consagrada a revisar su poliédrica figura y analizar su legado, señala, empequeñecido por la mole de mármol, una escultura colosal del emperador como comandante supremo y con todos los atributos, militares por supuesto. "Éste es el Adriano real", establece en una visita con EL PAÍS por la exposición. El emperador impresiona. No se le ve nada blandulo. Ni recuerda al personaje pacífico, filósofo, introspectivo y cercano, buen tipo, que creó en 1951 Marguerite Yourcenar en su bella y tan famosa novela Memorias de Adriano (Edhasa, 1982), de la que se han vendido en España un millón de ejemplares. Luce coraza, su expresión es despiadada y con el pie izquierdo está aplastando a un pobre tipo, un enemigo bárbaro. "La cara nazi de Roma", sugiere el comisario.

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