Cine: Hitler, el reinado del mal



Hitler: El reinado del mal es una coproducción entre Estados Unidos y Canadá diseñada para televisión. Su director, el canadiense Christian Duguay, consiguió llevar a cabo un proyecto difícil en su concepción por los recelos que ocasionaba mostrar un lado más humano y la parte más desconocida del mayor genocida de la historia.
Tremendamente interesante, por lo “inédito” del tema y fascinante al mismo tiempo, a través de 3 horas que pasan volando asistimos el surgimiento de esa figura terrible que fue Hitler.
Sólo durante los títulos de crédito iniciales, se despachan en un santiamén ciertos capítulos más o menos decisivos relativos a la infancia y adolescencia del monstruo para dar lugar ya a un período de juventud que comienza con el asesinato del Archiduque de Austria y donde las ideas enfermizas de Hitler van tomando forma. Su participación en la 1ª Guerra Mundial y el desencanto posterior que ocasiona que el personaje desarrolle una especie de poder hipnótico sobre el pueblo llano, apoyado por un grupo de la alta burguesía que intenta utilizarlo pero al que Hitler acaba por usarlo a su antojo, la creación de las SA, sus complicadas y extrañas relaciones sentimentales, su estancia en la cárcel donde escribe el tristemente célebre Mein Kampf y las razones que le llevaron a prisión y su vertiginoso ascenso al poder, de forma democrática, son los episodios que se nos van narrando, bien explicados, de forma concisa y clara y que hacen de esta miniserie algo apasionante.
Muy buena ambientación(hay que tener en cuenta de que se rodó en Checoslovaquia y Austria) y una fotografía quizás demasiado limpia, pero efectiva.
En el reparto, evidentemente nos tenemos que detener en Robert Carlyle, a priori puede resultar difícil imaginárselo en tan ingrato papel, pero la verdad es que, salvando la caracterización y maquillaje que no son demasiado buenas que digamos y la delgadez del actor, realiza un buen trabajo, sobre todo en lo que se refiere a los gestos y formas durante los discursos, que realmente los clava y a la pasión con la que interpreta a Hitler.

El resto del reparto es bastante interesante, una Stockard Channing que sale poquito, muy bien Matthew Modine interpretando al único opositor serio en la película, genial y aterrador Peter Stormare, un correcto Liev Schreiber y un muy envejecido Peter O’Toole interpretando a Hindenburg.
Las caracterizaciones son algo irregulares, por ejemplo el actor que hace de Göring, Chris Larkin, está perfecto, pero James Babson como Rudolh Hess pues la verdad es que no pega nada.

Realmente lo mejor de la película es como presenta el periodo 1918 a 1923 con el fracasado golpe de la cervecería. La creación del NSDAP y su posterior crecimiento esta muy bien narrado. De la segunda parte lo más destacable es sin duda el como se van haciendo poco a poco con el apoyo de las clases altas de la Alemania del periodo de entre guerras.