La Gran Armada o lo difícil que es destruir siglos de tópicos y falsedades


Los historiadores saben que España perdió sólo veinte de los 120 barcos que formaban la Gran Armada de Felipe II, que además no tenía por misión invadir Inglaterra, pero los tópicos son resistentes y aún se siguen reproduciendo las falsedades y silencios que han envuelto durante siglos este episodio histórico.
Entre 1981 y 1989, cinco equipos de investigadores analizaron millones de documentos de archivos españoles, ingleses, franceses y holandeses para arrojar luz sobre lo que durante mucho tiempo se consideró una gran derrota.

Un equipo del Museo Marítimo del Cantábrico se ocupó de estudiar los barcos y su armamento, dirigido por el historiador José Luis Casado Soto, que ha clausurado ahora el ciclo de conferencias organizado por la Asociación para la Divulgación de la Hispanidad para conmemorar el 12 de octubre, con un nuevo acercamiento a la que él prefiere llamar "Armada Invencida".

Han pasado veintiún años desde que se publicó aquella investigación, que recibió el Premio Nacional de Historia Naval, y Casado Soto cree que ningún historiador serio, ni siquiera si es inglés, sostiene ya los mitos de siempre sobre la supuesta gran derrota marítima española.

Pero, desde entonces, ha denunciado en un congreso la escasa deontología profesional de algunos de sus colegas ingleses, que parecían creer que lo que se publica en español no existe, y también se ha sorprendido, no hace tanto, con un documental en el que un reputado hispanista repite los tópicos eternos.

Quien quiera saber lo que ocurrió con la mal llamada Armada Invencible y eche un vistazo a Internet se encontrará, una y otra vez, con el mismo relato que el rigor de una investigación minuciosa ya ha desmentido, a no ser que limite la navegación a acreditadas páginas universitarias.

"Las cosas que sabemos los académicos tardan mucho en llegar a los medios de comunicación y los tópicos y los mitos tienen una resistencia tremenda", ha dicho a EFE Casado Soto.

Este historiador tuvo en sus manos los documentos de la Hacienda Real, que nadie había tocado tras los contables de la época y en los que se describe detalladamente aquella flota.

Entre miles de cifras encontraron las claves que les permitieron averiguar que la Gran Armada era un convoy de 120 barcos, de hasta 20 tipologías distintas, la mayoría de carga y alquilados a italianos y alemanes.

También comprobaron "con total claridad" que no iban a invadir Inglaterra sino que llevaban soldados, munición y vituallas para apoyar a los tercios de Flandes, que eran los encargados de esa misión, y escoltarles en el paso del Canal.

A los puertos del Cantábrico, principalmente al de Santander, regresaron cien de las 120 embarcaciones. Entre los que se perdieron, sólo un diez por ciento eran barcos de guerra españoles, que contaban con la tecnología de una primera potencia.

De ello dan fe los legajos de la contabilidad de la Armada, que reflejan que se seguía pagando el sueldo a esos barcos "y los muertos no cobran", apunta el historiador.

El Duque de Parma, que estaba al frente de los tercios de Flandes, no "quería jugársela" con la invasión y no respondió a los seis avisos que le envió el Duque de Medina Sidonia al pasar el Canal, para coordinar la operación y la hizo fracasar.

Según Casado Soto, la batalla de Las Gravelinas, en Calais, fue "una batalla muy relativa", porque "allí no venció nadie y la armada no fue destruida".

Mientras navegaba hacia el Mar de Noruega, la flota española presentó formación de batalla hasta en tres ocasiones a la inglesa, que renunció a combatir y que dejó de seguir a los de Felipe II cuando llegaron a la costa escocesa.

A la vuelta, la cola de un huracán del Caribe acabó con algunos de los cargueros alquilados pero el grueso de la flota regresó al Cantábrico, la mayor parte a Santander, donde fueron atendidos unos 9.000 hombres heridos, de los que se salvaron nueve de cada diez.

Y lo que casi nunca se cuenta es que unos meses después Inglaterra flotó su propia "Contraarmada": más de 200 barcos encargados de destruir los galeones de Felipe II que estaban siendo reparados en la localidad de Astillero.

Pero sir Francis Drake desobedeció a la reina y se fue a La Coruña para apropiarse de un supuesto tesoro. De allí partió a Lisboa para tratar de levantarla contra Felipe II pero "le dieron para el pelo".

Murieron el doble de hombres y se perdieron más del doble de barcos que en la Armada pero esta Contraarmada es casi desconocida. "Nadie habla de ella y eso sí que fue un fracaso", señala Casado Soto. EFE


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