Afganistán: replanteando la estrategia

Se acaba de clausurar una cumbre de la OTAN en Budapest donde uno de los temas más importantes ha sido Afganistán. De todos es sabido que las cosas no van bien en este país para las tropas de ISAF. Parece que al Gobierno presidido por George W. Bush cada vez le preocupa menos la captura de Bin Laden, la derrota de los talibanes y la seguridad y reconstrucción del país, y sin embargo parece que le obsesiona Irán y su posible inclusión en el selecto grupo de países con vector nuclear. Tal vez por eso la insistencia norteamericana en el desarrollo de un escudo antimisiles en Europa, elemento que molesta especialmente a Rusia.

La Administración americana llegó a la conclusión de que estabilizar y reconstruir el país ya no era su principal prioridad y, por el contrario, decidió apostar por cambiar el régimen de Irak utilizando medios militares, cambio que ha supuesto una larga guerra de desgaste a la que parece que poco a poco se ve una salida a medio plazo. Pero este cambio ha supuesto un momentáneo abandono de los compromisos adquiridos en el país gobernado por Hamid Karzai Por si alguien tiene todavía alguna duda el mismísimo embajador afgano en Washington, Said Jawad, resumía perfectamente el pasado mes de agosto la situación:

"Fue una reconstrucción en plan barato, como una operación de parcheado. Se limitó a arreglar las cosas rotas y no era un planteamiento estratégico".

Además en los últimos dos años ha descendido claramente el apoyo que la población afgana concede a las tropas de ISAF, especialmente a las tropas de la OTAN y crece el sentimiento de inseguridad y de falta de reconstrucción del país. El número de incidentes con muertos ha aumentado y el número de los mismos también. Informes de la oficina de la Naciones Unidas en Kabul estimaban que, a lo largo de 2007, se había registrado una media mensual de 525 incidentes armados, una cifra un 25% mayor que en 2006.

Además las tácticas de los talibanes han evolucionado, al principio utilizaron la estrategia de lucha guerrillera, donde los resultados fueron claramente favorables a las fuerzas de estabilización, y ahora han optado por los atentados suicidas, además de explosiones de bombas de fabricación artesanal, asesinatos y secuestros.

Así, a finales de 2007 se eleva a 229 el número de militares extranjeros muertos, 115 de ellos norteamericanos. La cifra no ha dejado de incrementarse desde los 69 que fallecieron en 2002. El pasado año fallecieron 191. En resumen, un total de 746 militares extranjeros han perdido la vida en combates, atentados o misiones de reconocimiento, de los que 473 son estadounidenses, 86 británicos y 73 canadienses. El contingente español desplegado al oeste de Afganistán, en la zona de Herat, ha tenido 23 bajas.

La reciente cumbre de la OTAN ha terminado con “el firme y compartido compromiso a largo plazo” de la organización con el país. Además "La respuesta final para Afganistán no es militar, sino civil: reconstrucción y desarrollo", según Jaap de Hoop Scheffer, secretario general de la organización.

Así que ante la presente situación ¿Qué opciones se tienen para llevar a buen término la pacificación de Afganistán? Y sobre todo ¿Qué es la estabilización?

En un reciente artículo de opinión del que fuese ministro de Asuntos Exteriores alemán Joshka Fischer apuntaba varios parámetros básicos para conseguir tal objetivo.
En primer lugar deben existir unas fuerzas de seguridad afganas con fuerza suficiente para hacer retroceder a los talibanes, limitar el cultivo de drogas y crear estabilidad interna.
Ahora bien, si Estados Unidos tiene teóricamente hasta 13.000 hombres dedicados al adiestramiento de las fuerzas afganas, según sus propias fuentes – personalmente, nada creíbles-, y que el general Craddock señaló como "absolutamente esencial" la formación de las FAS afganas, “para lo que se necesitarían entre 2.500 y 3.000 entrenadores de los ejércitos occidentales”, ISAF tiene sobre el terreno unos 47.000 efectivos, apoyados con otros 20.000 americanos. Además de pedir más efectivos y medios a los aliados, la comunidad internacional aspira a preparar y dotar un ejército afgano de 80.000 efectivos para 2010. Estados Unidos y Francia han anunciado el envío de más tropas, no así España que considera suficientes los 425 efectivos que acaban de ser relevados el mes pasado.

Hasta ahora lo que se intenta es que las tropas afganas sean autosuficientes y como mucho que se puedan realizar patrullas conjuntas con tropas de ISAF. Sin embargo se podría aplicar un mejor modelo, más antiguo y posiblemente políticamente incorrecto, aunque probablemente mucho más efectivo. Las tropas afganas son incapaces de manejar el moderno armamento pero sin embargo su conocimiento del terreno, de la población y la cultura local no tiene posibilidad de ser nunca igualado por un occidental.

En tal caso el planteamiento debería ser como el utilizado en el siglo XIX en las colonias, los conocidos como askaris, es decir tropas indígenas con oficiales europeos. Entiendo que tal sugerencia puede parecer descabellada pero alemanes, británicos, franceses y hasta españoles demostraron que esas tropas fueron la mejor combinación para mantener la seguridad y con muy buenos resultados. Con muy pocos recursos se tendría unas fuerzas de defensa del propio país pero con doctrinas occidentales. Además, la ISAF permanecería sobre el terreno como fuerza especial, entendida como altamente tecnológica, comunicaciones, uso de satélites, helicópteros de transporte y ataque, etc.

Desde luego que podría parecer una vuelta al colonialismo, pero instruyendo a un buen cuerpo de suboficiales y mandos intermedios la ISAF se haría cargo de los niveles superiores del ejército, policía y administración. Además tampoco es algo tan extraño, ya que en Bosnia se ha recurrido por ejemplo a magistrados europeos para suplir e impartir justicia en el país. Evidentemente serían tropas bajo mandato de la ONU y no de los distintos países. Pasados varios años los afganos se irían haciendo cargo completo de la administración y Fuerzas Armadas, en un proceso parecido a la descolonización pactada en muchas colonias británicas durante el siglo XX.

En cuanto a la seguridad en las zonas rurales, recurramos una vez más a cuerpos armados del pasado. Lo primero que habría que determinar es si el cuadro de valores y las formas de los europeos occidentales sirven o son útiles en un país calificado por muchos como medieval y donde varios periodistas locales se encuentran encarcelados por incumplir preceptos islámicos. Tal vez Afganistán no deba ser considerado un país tan atrasado pero desde luego y con suerte podríamos decir que se encuentra a un nivel muy parejo a determinados países europeos a inicios del siglo XIX. Por lo tanto si lo que se pretende es que el ámbito rural, donde vive la mayor parte de la población afgana sienta la presencia del Estado y que existe realmente una policía que les proteja deberíamos optar por un modelo de Guardia Civil como el creado en España en 1844, cuya misión fundamente fue la de dar protección a la población que vivía en un medio rural. En general este fue el modelo usado en la Europa del XIX para asegurar un cierto control y seguridad en las zonas rurales, recordemos también a gendarmes franceses o carabineros italianos.

El resumen sería por lo tanto que se necesitan menos tropas pero sin embargo hacen falta más instructores, especialistas, oficiales y desde luego policías. Los soldados de la ISAF no deberían patrullar directamente las zonas, sino ser una especie de reserva a disposición de las autoridades afganas para actuar donde se las necesite. Además debería dar al ejército afgano esa cobertura material, transportes, comunicaciones, armamento ligero etc. que en principio escapa a las posibilidades afganas.

Otro elemento sería el que se renueve el consenso regional alcanzado en Bonn en 2001, que, auspiciado por todas las partes implicadas, debía amparar la reconstrucción del Estado afgano. Además el general Craddock abogó hace poco por "armonizar las estrategias" de los distintos actores implicados (OTAN, ONU, UE, Banco Mundial, ONG, entre otros) y ponerlas en común con los planes nacionales afganos. Pues tenemos otro grave problema y es ¿Quién debe armonizar esas estrategias? La solución más idónea puede ser, de nuevo, políticamente incorrecta: probablemente Naciones Unidad debería establecer un protectorado en Afganistán y por lo tanto dirigir todas las tareas militares, de seguridad, de reconstrucción etc. La aplicación de este sistema dio buenísimos resultados en el pasado pero hoy en día vendría a ser considerado un indeseable neocolonialismo. Tal vez debería ser dulcificado por una teórica subordinación a la administración afgana, a la cual se la debería lógicamente permitir el mantenimiento de sus leyes, pero que debería ser dependiente en el apartado de seguridad.

Finalmente puede que estas vías de solución tan “neo-coloniales” puedan ser aceptadas por el régimen afgano y la comunidad internacional si se incrementan de forma apreciable la ayuda al desarrollo, infraestructuras, obras públicas y en general en gastos sociales. Nunca se podrán obtener resultados si según datos del Ministerio afgano de Información y Cultura, actualmente en Afganistán hay un índice de alfabetización del 28,7% (43,2% para los hombres, y 14,1% para las mujeres), y aspira a tener electricidad en el 65% de los hogares de las zonas urbanas y en el 25% de las rurales en el año 2010, según los acuerdos de la Conferencia de Londres sobre Afganistán de enero del 2006. Si no se consiguen tasa de alfabetización superiores al 60% y un suministro eléctrico de más del 80% en las ciudades y del 60% en el área rural no es posible que el país tenga una economía medianamente viable.

Una de las conclusiones de la pasada reunión de la OTAN fue centrarse en la cooperación y el desarrollo y en el concepto de la "afganización", que consiste en ayudar y formar a las instituciones afganas para que asuman la seguridad y el control del Estado.

Desgraciadamente el Estado afgano carece de capacidad para tener siquiera algo parecido a una estructura de servicios sociales: es posible que un campesino español de finales del siglo XIX tuviese mejores condiciones de vida que un pastor afgano de 2008. Por lo tanto si se quiere que la población afgana recupere la confianza y vea la luz al final del túnel, Naciones Unidas y los países occidentales con Estados Unidos a la cabeza tendrán que gastarse considerables sumas de dinero en reconstruir un país asolado por más de 30 años de guerra. Poder conseguir unos índices siquiera similares a los más atrasados países europeos significaría para Afganistán un beneficio social importantísimo, pero además esta ayuda debe tener una duración prolongada si se quiere que realmente tenga éxito.

Sin embargo, aquí surge otro dilema, si recordamos los precedentes del programa "petróleo por alimentos" en Irak que terminó con un escándalo que salpicó al hijo del anterior secretario general de la ONU, Kofi Annan. O si bien nos fijamos en los más que sospechosos contratos con empresas como Halliburton o Blackwater en la reconstrucción del actual Irak o casi peor, nos imaginamos el nivel de corrupción de la actual administración afgana ¿Quién puede gestionar esos recursos de forma eficiente? ¿Las ONGs, cada país donante, los señores de la guerra...? Puede que la solución sea venderles el país a los chinos ahora que se dedican a comprar de todo, los occidentales nos quitamos un problema, los americanos sacan un buen dinero y a los afganos.... pues como en el Tibet, miremos todos a otro lado. Desde luego, el debate está servido.